Portada | | Buscar en Hollywood Clásico | Seguinos en Seguinos en Facebook

John Ford y el 60º Aniversario de The Grapes of Wrath

Con la desgarradora The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1940), John Ford marcó el cine de una época.

Por Rodolfo Otero

El autor: Escritor de novelas y guiones, y Coordinador de la Cátedra de Guión I de la Universidad del Cine de Buenos Aires. Ha recibido múltiples premios. Su libro “El verano del potro” fue filmado en 1989, en co-producción argentino-canadiense, protagonizada por Héctor Alterio y China Zorrilla.

FILMOGRAFIA

John FordJohn Ford - Sus inicios

Orson Welles lo llamó “poeta y comediante”, y lo consideraba el más grande de los directores norteamericanos. Opinión compartida por muchos otros cineastas y estudiosos del cine. Sin duda, fue uno de los directores con un estilo más personal y reconocible, un estilo que ponía una gran belleza visual al servicio de una exploración profunda en la humanidad de sus personajes.

John Ford nació bajo el nombre de Sean Aloysius O’Fearna (la versión inglesa sería O’Finney) el primero de febrero de 1895 en Cape Elizabeth, Maine, el noveno y último hijo de un matrimonio de inmigrantes irlandeses. Pasó su infancia junto al mar, una de sus grandes pasiones, y en 1914 se trasladó a Hollywood, convocado por su hermano mayor Francis, que había cambiado su apellido artístico por el de Ford y estaba actuando y dirigiendo en la entonces incipiente meca del cine. El joven Sean lo adoptaría también, modificando su nombre de pila irlandés por la versión inglesa.

Apadrinado por su hermano, John empezó a trabajar en los estudios Universal como extra y asistente de dirección. Tres años después, a la edad de 22, pasó a dirigir sus primeros “two-reelers” y conoció al actor Harry Carey, su primer maestro en el arte de contar una historia en imágenes. Ford dirigió a Carey en una serie de westerns breves más realistas de lo acostumbrado en aquella época. En 1924 cimentó su reputación como director con su primer western épico, The Iron Horse (El caballo de hierro), y eventualmente hizo la transición al sonido sin inconvenientes.

George Bancroft, John Wayne y Louise Platt en StagecoachEn la década del 30 se convirtió en uno de los directores más activos y confiables de la 20th. Century Fox. Osciló entre diferentes géneros y obtuvo un gran éxito de público con tres comedias protagonizadas por el humorista Will Rogers. En 1935 encaró la realización de una película sobre la rebelión irlandesa de 1916, contra la opinión del estudio, que consideraba al tema un riesgo político y comercial. El resultado fue The Informer (El delator), que le valió el Oscar y la admiración de todo Hollywood, impresionado por el audaz estilo visual (encuadres inusuales, iluminación expresionista) y la sólida marcación de los actores: Victor McLaglen, el protagonista, también recibió el premio de la Academia.

A fines de la década Ford, ya indiscutido como uno de los maestros del cine norteamericano, abordó uno de los períodos más brillantes de su carrera. En 1939 redefinió el género que amaba con su primer western sonoro, Stagecoach (La diligencia), calificado de clásico desde su estreno, y que iba a establecer a John Wayne como el cowboy cinematográfico por excelencia. Ese mismo año estrenó Young Mr. Lincoln (El joven Lincoln) y Drums Along the Mohawk (Al redoblar de los tambores), dos interesantes dramas históricos que fueron sus primeras colaboraciones con su otro protagonista favorito: Henry Fonda.

The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1940)

Esta sociedad de actor y director alcanzó una cumbre en su siguiente esfuerzo conjunto, estrenado en 1940: la adaptación de The Grapes of Wrath (Viñas de ira), la célebre novela de John Steinbeck sobre la emigración forzada de los campesinos de Oklahoma durante la depresión económica. Si bien Darryl Zanuck, el zar de la Fox, fue quien originó el proyecto, la película lleva la marca indeleble de John Ford en la realización.

Muchos la consideran la mejor en su extensa filmografía . Su estilo visual es acaso más evidente que nunca en sus clásicas composiciones en diagonal, la profundidad de campo, esas tomas de personajes en silueta aislados en el cuadro vacío sobre una carretera que se pierde en el infinito, la presencia reiterada del viento cubriéndolo todo de polvo... También fue muy caro al hijo de inmigrantes el tema de la disgregación de una familia víctima de los poderes socioeconómicos.

Zanuck le había pagado a John Steinbeck US$ 700.000 por los derechos de filmación de su novela, galardonada con el Premio Pulitzer, y el escritor se dio el lujo de exigir una cláusula que asegurase de que la línea argumental y el contenido social de la obra se respetasen. Los fundados temores de Steinbeck surgían de los antecedentes poco felices de obras literarias y guiones modificados y desvirtuados según los caprichos de las estrellas, la taquilla y la censura. Y más fundados aún considerando que la novela fue prohibida en muchas ciudades y condenada por la Cámara de Comercio del Estado de California. El mismísimo Zanuck contrató investigadores para corroborar que las penurias de los inmigrantes fuesen tal cual las pintaba Steinbeck, y la respuesta que obtuvo fue que eran mucho peores.

Ford supo amalgamar las tareas de algunos colaboradores de primer orden: en primer lugar una adaptación inteligente de Nunnally Johnson, que puso el énfasis en el drama personal de los Joad, alejándose así de una bajada de línea directa, y no incluyó el capítulo final de la novela, en el que el personaje de la hija amamanta a un hombre moribundo (impensable en la era del Código Hays)

También contribuyeron especialmente al espléndido tratamiento visual el director de arte, Richard Day, que planteó imágenes en el estilo de los cuadros de campesinos de Missouri de Thomas Hart Benton (un estilo muy apropiado para las composiciones de Ford) y la impresionante fotografía de Gregg Toland: en una escena la única fuente de luz parece provenir de un fósforo. Las imágenes despojadas de Ford y Toland tienen la fuerza y la autenticidad de un documental y dotan a la película de una austera belleza que no oculta la compasión por el drama de sus personajes.

A este respecto también fue esencial la interpretación. Henry Fonda cumplió quizás el mejor trabajo de su carrera en el papel de Tom, respaldado por un elenco en el que sobresalían Jane Darwell como la indomable Ma Joad y John Carradine como Casey, un ex-predicador que evocaba la figura de Cristo (sus iniciales eran JC). En su momento se publicó que se había pedido a la MGM que cediese los servicios de Spencer Tracy para el papel de Fonda, y que el rol de Ma Joad sería interpretado por Beulah Bondi. Otros candidatos para el papel que inmortalizó Henry Fonda fueron Tyrone Power y Don Ameche. Pero, obviamente, éstas eran elecciones de Zanuck y no de Ford, primordialmente para presionar a Fonda a aceptar el rol y firmar un contrato por 7 años.

La película incluye escenas inolvidables como la de Ma Joad reuniendo recuerdos de juventud frente a un espejo que le devuelve el amargo presente, y la famosa despedida de su hijo Tom, con un monólogo inolvidable, que transcribimos: 

Tal vez sea como dijo Casey: uno no tiene un alma propia, sino un pedacito de un alma grande. Un alma grande que nos pertenece a todos... Estaré por ahí en la oscuridad... Estaré en todas partes... Adondequiera que mires... donde haya una lucha para dar de comer a los hambrientos, allí estaré. Donde haya un policía golpeando a un pobre tipo, allí estaré. Estaré en la manera en que la gente protesta de furia, estaré en la manera en que los chicos ríen cuando tienen hambre y saben que la comida está lista, y cuando la gente coma lo que ha sembrado y viva en las casas que ha construido, allí estaré también.

Curiosamente, en la novela este monólogo figura a poco más de la mitad. En realidad el final fue agregado por Nunnally Johnson a pedido de Zanuck, que quería cerrar la trama con un toque de esperanza. Por fin otro elemento inseparable de la película es la banda de sonido, con un acordeón que subraya los momentos más emotivos con la antigua tonada “Red River Valley”.

The Grapes of Wrath despertó controversias por su innegable visión crítica del sistema capitalista y por la representación de un realismo despojado, inusual para el Hollywood de entonces. El ala conservadora de la crítica la combatió por su innegable ideología de izquierda, en tanto que los liberales temían que Zanuck amortiguara la denuncia para conformar al status quo de Hollywood. El final optimista (agregado por Zanuck) que muestra a la interminable fila de camiones avanzando mientras Ma Joad hace un pequeño soliloquio final muy recordado (“Somos el pueblo...”) parecía justificar esas sospechas, pero en realidad se acercaba más a la propuesta del “New Deal” de Franklin D. Roosevelt (Ford había planeado terminar la película con la despedida de Tom). Una vez estrenada, el propio Steinbeck la consideró fiel a su novela y los elogios superaron con creces a las diatribas. Incluso fue un éxito notable de boletería.

El filme fue candidato a seis Oscars, incluyendo mejor película. Si bien lo perdió a manos de Rebecca (Rebeca, una mujer inolvidable, 1940) y Fonda fue superado por James Stewart en The Philadelphia Story (Pecadora equivocada, 1950), Ford y Jane Darwell ganaron con justicia en sus respectivas categorías. Increíblemente, Gregg Toland no fue nominado.

Ese mismo año la filmografía de Ford se enriqueció con The Long Voyage Home (Hombres de mar, 1940) y en 1941 How Green Was My Valley (Qué verde era mi valle), la saga de una familia de mineros galeses, arrasó con los Oscars, incluidos mejor película y, por tercera vez, mejor director. Conmovedora y de una gran belleza visual, sigue siendo una de sus películas más logradas y más identificadas con su sensibilidad.

La Segunda Guerra Mundial y su carrera posterior

Pearl Harbor vino a interrumpir la actividad habitual de John Ford. A partir de la entrada de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, alternó documentales (que recibieron otros dos Oscars) con misiones de espionaje dignas de sus mejores películas épicas.

Regresó a los sets en 1945 con un soberbio drama bélico, They Were Expendable (Fuimos los sacrificados), que en lugar de sumarse a la euforia triunfalista del momento registró uno de los peores momentos de la guerra en el Pacífico para la marina norteamericana.

De aquí en adelante la producción de Ford se volvió más y más melancólica y más centrada en el western, como elegía de un pasado inocente, celebrado al principio y cuya pérdida y corrupción criticó después. Entre los westerns de este período se destaca My Darling Clementine (La pasión de los fuertes, 1946), sobre el mítico Wyatt Earp, otra vez con Henry Fonda, que también iba a protagonizar la muy bella The Fugitive (El Fugitivo, 1947) en México. Inmediatamente Ford volvió al Far West para realizar su trilogía de caballería: Fort Apache (Sangre de héroes, 1948), She Wore a Yellow Ribbon (La legión invencible, 1949) y Rio Grande (Río Grande, 1950). También Three Godfathers (increíblemente traducida como Tres hijos del diablo, 1949) y Wagon Master (Caravana de valientes, 1950).

Tab Hunter y John Wayne en The SearchersEn 1952 mereció su cuarto Oscar (marcando así un record inigualado en el rubro) por The Quiet Man (El hombre quieto), una deliciosa comedia romántica ambientada en una Irlanda soñada, con John Wayne, Maureen O’Hara y un elenco formidable.

Y en 1956 nos dio otra obra maestra, quizás el mejor western jamás filmado: The Searchers (Más corazón que odio), el oscuro drama de un hombre que busca durante años a la única sobreviviente de su familia, una sobrina raptada por los comanches. En el papel central, John Wayne aportó su mejor interpretación como Ethan Edwards, un personaje complejo, torturado y dominado por un odio racista que le da más características de villano que de héroe hasta su inolvidable redención final.

Ford realizó su última gran película en 1962: otro western, The Man Who Shot Liberty Valance (Un tiro en la noche), en la que planteó con mucha nostalgia el final del Far West legendario, simbolizado otra vez por John Wayne, en tanto que James Stewart, como un abogado que despierta la conciencia de un pueblo, encarna al factor de civilización que inevitablemente iba a destruir esa forma de vida violenta pero libre y romántica. En su último western, Cheyenne Autumn (El ocaso de los cheyennes, 1964), una obra algo despareja, Ford se puso del lado de los indios y con la honestidad de siempre denunció su desarraigo y el genocidio al que se los sometió.

 Católico practicante, conservador en las ideas y liberal en la práctica, mitad irlandés con morriña y mitad patriota norteamericano, Ford fue uno de los más genuinos artistas en la historia del cine y un director al que cabe como a pocos el calificativo de “autor” consagrado por André Bazin. Hay constantes definidas en su temática, tanto en los trabajos que realizó para estudios como cuando fue su propio productor: la familia como grupo social básico (y su eventual desintegración por fuerzas extrañas), el sacrificio del individuo por la comunidad, el amor por el aire libre y los grandes espacios abiertos, la honestidad con que relata la verdad detrás de la leyenda y el sentido de “gloria en la derrota” que le atribuyó Peter Bogdanovich. Su básica sensibilidad cristiana lo colocó siempre del lado de los humildes y los marginados y su vocación de cantor de gesta lo llevó a edificar una épica propia al servicio del mayor mito norteamericano, la conquista del oeste.

Retirado del cine a partir de 1966 por problemas de salud, llegó a conocer la admiración de varias generaciones de cineastas y aficionados de todo el mundo. Se fue físicamente el 31 de agosto de 1973, dejándonos un legado invalorable de cine para ver y volver a visitar.

La “compañía de Ford”

A través de los años John Ford recurrió una y otra vez a un grupo básico de actores y técnicos. A los primeros se los ha dado en llamar “Ford Company”, y si no fueron un grupo estable prácticamente no hay una de sus películas en la que no aparezcan varios de ellos. He aquí un repaso de los más frecuentes:

John Wayne, Henry Fonda, Maureen O’Hara, Ward Bond, Victor McLaglen, Barry Fitzgerald, John Carradine, Harry Carey, Andy Devine, Thomas Mitchell, Donald Crisp, John Qualen, Arthur Shields, Francis Ford, Jane Darwell, Mildred Natwick, Anna Lee, Mae Marsh, Ben Johnson, Harry Carey Jr., Ken Curtis (que fue su yerno), Hank Worden, y en los últimos años Jeffrey Hunter, Vera Miles, Woody Strode, Jeanette Nolan, Denver Pyle, Willis Bouchey, Carleton Carpenter y, por fin, James Stewart.

El escenario ideal

A partir de Stagecoach, Ford filmó casi todos sus westerns en Monument Valley, un increíble escenario natural de formaciones rocosas dispersas a lo largo de una planicie, situado entre los estados de Utah y Arizona. Monument Valley también proveyó un grupo fiel de colaboradores: los indios navajos, que administran el parque nacional que comprende al valle. Y que en su homenaje han rebautizado uno de los panoramas más espectaculares del lugar con el nombre de “John Ford’s Point”.

La relación de Ford con los navajos fue de apoyo mutuo. En una oportunidad el director salvó la vida de la comunidad entera al hacerles llegar alimentos desde al aire cuando el valle quedó aislado por una fuerte tormenta de nieve. Y los navajos, que llamaban a Ford “Natani Nez” (“El Soldado Alto”) tenían un hechicero que solía brindarle al cineasta el cielo que necesitaba para filmar. “¿Dos nubes sobre aquella meseta?  No hay problema.” Según Ford, al otro día del pedido las nubes estaban en el lugar exacto.

Una anécdota

En su muy interesante libro sobre Ford, que incluye una extensa entrevista, Peter Bogdanovich relata una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. A principios de la década del ’50, Joseph L. Mankiewicz era presidente del gremio de directores de Estados Unidos, en pleno auge del Maccarthyismo y la caza de brujas. Una facción del gremio, encabezada por Cecil B. De Mille, trató de imponer a los miembros la firma de un juramento de lealtad.

Mankiewicz, que estaba en Europa, mandó decir que se oponía totalmente a algo así. Al poco tiempo en las columnas de chimentos empezaron a aparecer insinuaciones de que Mankiewicz simpatizaba con el comunismo. En la siguiente asamblea el gremio entero se presentó a sesionar. El grupo de De Mille empezó a pronunciar discursos que duraron horas, y mientras tanto Mankiewicz  (y unos cuantos más) se preguntaba cuál iba a ser la postura de John Ford,  por entonces considerado algo así como el “Gran Patriarca”  del gremio, y cuya opinión pesaba como la de ninguno. Durante la extensión de los discursos, Ford simplemente escuchó sin abrir la boca. Después de la tirada final del propio De Mille, hubo un momento de silencio y Ford levantó la mano. Cada uno de los que hablaban debía identificarse para el registro de actas, así que empezó diciendo: “Me llamo John Ford. Hago westerns”. A continuación alabó a De Mille como director y ponderó sus películas. “No creo que haya nadie en este recinto que sepa más acerca de lo quiere el público americano que Cecil B. De Mille, y ciertamente sabe cómo dárselo.

De aquí en más el relato es de Mankiewicz:

Entonces miró fijo a De Mille, que estaba justo enfrente, del otro lado del salón, y le dijo: ‘Pero no me caes bien, C.B., y no me gusta nada lo que has estado diciendo esta noche. Propongo que le demos a Joe (Mankiewicz) un voto de confianza, y nos vayamos todos a dormir’. Y eso fue lo que hicieron”.

FILMOGRAFIA

 THE GRAPES OF WRATH (Viñas de ira, 1940)

(Ficha técnica por Fabián Cepeda)

20th Century Fox. 129 minutos. Productores: Darryl F. Zanuck y Nunnally Johnson. Director: John Ford. Guión: Nunnally Johnson. Basado en la novela “The Grapes of Wrath”, de John Steinbeck. Música: Alfred Newman. Fotografía: Gregg Toland. Dirección artística: Richard Day y Mark-Lee Kirk. Decorados: Thomas Little. Edición: Robert Simpson. Vestuario: Gwen Wakeling.

Reparto: Henry Fonda, Jane Darwell, John Carradine, Charley Grapewin, Dorris Bowden, Russell Simpson, O. Z. Whitehead, John Qualen, Eddie Quillan, Zeffie Tilbury, Frank Sully, Frank Darien, Darryl Hickman, Shirley Mills, Roger Imhof, Grant Mitchell, Charles D. Brown, John Arledge, Ward Bond, Harry Tyler, William Pawley, Charles Tannen, Selmar Jackson, Charles Middleton, Mae Marsh, Eddie Waller, Paul Guilfoyle, David Hughes, Cliff Clark, Joseph Sawyer, Frank Faylen, Adrian Morris, Hollis Jewell, Robert Homans, Irving Bacon, Kitty McHugh, Arthur Aylesworth, Norman Willis, Lee Shumway, Frank O’Connor, Tom Tyler, Harry Cording, Ralph Dunn, Paul Sutton, Pat Flaherty, Dick Rich, Herbert Heywood, Harry Strang, Walter Miller, Gaylord Pendleton, Ben Hall, Robert Shaw, George O’Hara, Thornton Edwards, Russ Clark, James Flavin, Philip Morris, Max Wagner, Trevor Bardette, Jack Pennick, Walter McGrail, William Haade, Ted Oliver, Gloria Roy,  George Breakstone, Wally Albright, John Wallace, Erville Alderson, Louis Mason, Shirley Coates, Peggy Ryan, Georgia Simmons, Harry Holden, Hal Buldong, John Binns, Harry Wallace, L. F. O’Connor, Cliff Herbert, Joe Bordeaux, Tyler Gibson, Leon Brace, Harry Matthews, Frank Newberg, Jack Walters, Bill Wolfe, Delmar Costello, Bill Worth, Frank Atkinson, James Welch, Charles Thurston, Jules Michaelson, Waclaw Rekwart, Sidney Hayes, E. J. Kaspar, D. H. Turner, David Kirkland, C. B. Steele, Frank Watson, Al Stewart, Henry Brahe, Scotty Brown, Charles West, Dean Hall, Walton Pindon, Charles W. Hertzinger, W. H. Davis, Scotty Mattraw, Chauncey Pyle, Walter Perry, Billy Elmer, Buster Brody, Barney Gilmore, Cal Cohen, Nora Bush, Jane Crowley, Eleanor Vogel, Lillian Drew, Cecil Cook, Helen Dean, Pearl Varvell, Hazel Lollier, Emily Gerdes, Rose Plummer, Mrs. Gladys Rehfeld, Edna Hall, Josephine Allen, Rex Lease, Inez Palange, Harry Tenbrooke, Francis Ford, Edgar Dearing, “The Dance Band”.

Nota: Una adaptación teatral de la novela, escrita por Frank Galati,  fue filmada para TV en 1991 y transmitida en el programa “American Playhouse”. Con dirección de Kirk Browning y Frank Galati, fue protagonizada por Gary Sinise, Terry Kinney, Lois Smith, Robert Brueler, Alan Wilder y Sally Murphy.

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


Sitio dedicado a la memoria de Aníbal Miguel Vinelli

© 1999–2017 Marcos Celesia y Fabián Cepeda
® Todos los derechos reservados. Registro de la Propiedad Intelectual.
Todos los derechos de propiedad intelectual de las fotos y los carteles que aparecen en este sitio son propiedad de las Productoras y/o Distribuidoras correspondientes. Dicho material ha sido tomado de fuentes de la Internet de libre accesibilidad o de textos publicados. Este sitio no pretende violar en forma alguna los derechos respectivos de los titulares de los Derechos de Autor.
Copyright to all photographs and posters which appear in this site belong by the corresponding Production and/or Distribution Companies. The same are collected from publicly aired and published sources. This site is in no way trying to infringe on the respective rights of their copyright holders.

Oscar® y Academy Awards® y la propiedad intelectual del diseño del Oscar® son marca registrada y marca identificatoria de servicios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas; y la estatuilla del Oscar® es propiedad registrada de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Este Sitio no es avalado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, ni se encuentra en forma alguna relacionado con la misma.
Oscar® and Academy Awards® and Oscar® design mark are the trademarks and service marks and the Oscar© statuette the copyrighted property, of the Academy of Motion Picture Arts and Sciences. This site is neither endorsed by nor affiliated with the Academy of Motion Picture Arts and Sciences.