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Listas Negras en el Cine

El fallecimiento de Ring Lardner, Jr., el último sobreviviente de "Los Diez de Hollywood", nos obliga a repasar esta página sombría de la historia de cine.

Por Homero Alsina Thevenet

El fallecimiento de Ring Lardner, Jr., el último sobreviviente de "Los Diez de Hollywood", nos obliga a repasar esta página sombría de la historia del cine.

El Autor: Nacido en Montevideo, 1922, ha desarrollado una larga carrera en Montevideo, Buenos Aires y Barcelona, como uno de los críticos cinematográficos más respetados y reconocidos. Entre sus veinte libros se incluye Listas Negras en el Cine [Buenos Aires, 1987] donde figura la crisis política en Hollywood y también otras crisis políticas en el cine de Alemania, Checoslovaquia, la Unión Soviética y Francia ocupada). Nos honra su colaboración.

EL RECIENTE FALLECIMIENTO de Ring Lardner Jr. (el 31 de octubre de 2000) obliga a recordar que este escritor fue uno de los Diez de Hollywood, o sea las primeras víctimas en 1947 de las Listas Negras en el cine norteamericano. La historia de esas Listas fue mal conocida en su momento, en parte porque era una vergüenza nacional de la que muchos no quisieron hablar, y en parte porque el secreto fue parte esencial de su manejo y un tema inseguro para el tratamiento periodístico. Se trataba de nóminas confeccionadas por las mismas empresas productoras pero nunca reconocidas oficialmente. Y se trataba de un claro caso de persecución ideológica, porque no había otra acusación que ser o haber sido comunista. Y aun en ese extremo, el Partido Comunista tenía existencia legal en Estados Unidos.

Las Listas Negras tuvieron lamentables resultados. Ante todo, se produjo una restricción en los mismos temas de Hollywood, desechando todo aquello que pudiera parecer inconformista con la sociedad establecida. Y en segundo lugar, fue impresionante la lista de exilios, divorcios, desempleo, delaciones y hasta suicidios que las Listas Negras causaron, contra su proclamado afán de mejorar la sociedad de Estados Unidos y liberarla del comunismo.

Senador Joe McCarthyLARGO TRAMITE - La historia de esas Listas Negras no empieza en 1947, sin embargo. Contra una equivocada y difundida creencia, no empezó con Joe McCarthy sino tres años antes de que el discutido senador lanzara sus primeros discursos contra el comunismo. En rigor, la génesis del fenómeno retrocede a los inmigrantes anarquistas que llegaron a Estados Unidos alrededor de 1900. Sigue por la Revolución Rusa (19l7), por el sonado caso de Sacco y Vanzetti, culminado en su ejecución (1927), por las relaciones diplomáticas iniciadas entre Estados Unidos y la URSS (1933). En la década de 1930, el progreso del fascismo en Europa llevó a que muchos escritores y artistas liberales se acercaran al comunismo soviético, tanto en Estados Unidos como en Francia, porque veían a la URSS como el único baluarte de defensa. Eso les significó quedar marcados. Pasaron a ser comunistas, o "comunoides" o "fellow-travellers" (compañeros de viaje).

Después la situación se hizo más compleja. A favor de la Unión Soviética pudo aducirse su apoyo a España Republicana en la guerra civil (desde 1936) y su heroica resistencia ante la invasión nazi (desde junio 194l). En contra de la URSS operaron otros factores,  empezando por el pronunciamiento desencantado del escritor francés André Gide (1935) y siguiendo por las tres purgas internas de la URSS (1936, 1937, 1938) y por el pacto nazi-soviético (1939). En Estados Unidos, el juicio público sobre la URSS tuvo un enorme vuelco, cuando el aliado bélico de 194l-1945 se transformó en una potencia imperialista que en la postguerra consiguió imponer gobiernos comunistas en Europa Oriental. Desde 1946 y por lo menos durante cuatro décadas abundaron los episodios de espionaje recíproco, en algún caso con procesos públicos. Así cabe entender que McCarthy se inscribiera desde 1950 en una campaña contra el comunismo, porque supo advertir las adhesiones que podría recibir, antes de una elección parlamentaria. Así se puede entender también que en las filas de la izquierda liberal se combinara la presencia de comunistas con la de quienes  habían renunciado al Partido. Entre estos últimos importó la experiencia de escritores y artistas que se habían sentido vigilados y supervisados por censores comunistas norteamericanos, como llegaron a declararlo Budd Schulberg, Clifford Odets y Elia Kazan, entre otros. Junto a ellos es necesario apuntar los nombres de comunistas arrepentidos, como Whittaker Chambers y Elizabeth Bentley, cuyas confesiones públicas como ex-espías ayudaron a que en Estados Unidos abundara la convicción de que era necesario combatir al comunismo infiltrado. Aunque McCarthy y los suyos fueron culpables de enormes abusos y de una sostenida actitud de difamación, cabe reconocer que los hechos más notorios daban un fundamento a sus campañas.

LA AVALANCHA - El proceso de las Listas Negras del cine tuvo su primer capítulo en la conferencia de prensa que Chaplin realizó en New York (abril 1947). Había querido presentar el estreno de Monsieur Verdoux (Monsieur Verdoux, 1947), pero la reunión se extendió de inmediato a cuestionar el apoyo de Chaplin a causas comunistas, empezando por sus pronunciamientos (de 1942) a favor de un Segundo Frente en Europa, que aliviara el ataque alemán a la URSS. También en 1947 el Comité de Actividades Anti-americanas se volcó a investigar a Hollywood. Partió de datos aportados por el FBI y de las denuncias recibidas, en especial las del productor Jack L. Warner, que aportó una lista de escritores sospechosos de ideas comunistas. En los primeros interrogatorios el Comité recogió las declaraciones de quienes fueron rotulados como "testigos amistosos", lista que incluyó al mismo Warner, al productor Louis B. Mayer, a Walt Disney, al director Leo McCarey, a la escritora Ayn Rand, a los actores Gary Cooper, Ronald Reagan (ambos en la ilustración de "tapa"), Robert Taylor, Adolphe Menjou, Robert Montgomery, George Murphy. Algunos de ellos aportaron otros nombres propios, iniciando una amplia etapa de delaciones. Otros narraron las presiones sindicales, como síntomas de un comunismo infiltrado en los mayores niveles de una industria.

Esos testimonios condujeron a que el Comité presidido por el diputado J. Parnell Thomas citara a 19 sospechosos. Sólo llegó a interrogar a once de ellos, que fueron los escritores Alvah Bessie, Herbert J. Biberman, Bertolt Brecht, Lester Cole, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Dalton Trumbo, el director Edward Dmytryk y el productor Adrian Scott. Como ciudadano alemán, Brecht se consideró obligado a contestar las preguntas, declaró que no estaba afiliado a ningún Partido Comunista (lo cual debió ser cierto), negó ser comunista (seguramente lo era) y poco después se fue de Estados Unidos. En los años siguientes realizó en Alemania una nutrida carrera teatral, con la formación del Berliner Ensemble.

Los otros diez se resistieron al interrogatorio oficial. Habían recibido de sus abogados la certeza de estar protegidos por la Constitución de Estados Unidos, que les garantizaba la libertad de opinión, la libertad de afiliación sindical, la libertad de no formular declaraciones donde pudieran incriminarse a sí mismos. Los interrogatorios a los diez terminaron por ser formidables piezas polémicas, donde la pregunta obvia (ser o haber sido miembro del Partido Comunista o del sindicato de libretistas) no era contestada por el silencio sino por alegatos a favor de la libertad y contra la intromisión del Comité en vidas privadas. En ese sentido fue elocuente el caso de John Howard Lawson, seguramente el comunista más ortodoxo del grupo. Sus declaraciones agresivas contra el Comité motivaron que fuera finalmente expulsado de la sala. Por otra parte, a varios de ellos les fue negado el permiso para leer los textos en su defensa que traían preparados. La consecuencia fue que quedaron acusados de "desacato al Congreso" (contempt of Congress) y sometidos a la justicia. Tras el proceso judicial, todos ellos quedaron en prisiones, por períodos de seis a doce meses, durante 1950-195l. Llegaron a una dudosa fama como los Diez de Hollywood. Sus primeros compañeros en las Listas, aunque no en la cárcel, fueron los otros ocho hombres citados pero no interrogados. Eran los escritores Richard Collins, Gordon Kahn, Howard Koch, Waldo Salt, los directores Lewis Milestone, Irving Pichel y Robert Rossen, el actor Larry Parks.

La situación empeoró después, de varias maneras. Tuvo su lado tragicómico, cuando el diputado J. Parnell Thomas fue condenado por un manejo indebido de fondos oficiales y terminó compartiendo la cárcel de Danbury con sus víctimas Ring Lardner y Lester Cole.  Pero los dramas dominaron la situación. En 195l, cuando los condenados salieron de la cárcel, imperaba ya el clima de desconfianza que provocó McCarthy y habían trascendido casos de espionaje soviético (Klaus Fuchs, Julius y Ethel Rosenberg, entre otros). Aparecieron nuevos comités parlamentarios de investigación que recibieron denuncias y testimonios. Las Listas Negras creadas por los productores se prolongaron a otras listas grises, igualmente confidenciales, que de hecho provocaban la negativa a contratar personas sospechosas. En su valioso estudio sobre aquella crisis, el historiador Howard Suber marca con cifras las diferencias en el personal contratado por los estudios, desde 1945 a 1955. Descendieron las cantidades de directores (l52 a 79) y de escritores (490 a 67). La retracción se debió en parte al crecimiento paralelo de la TV, que restó público al cine. Pero se produjo también una retracción en temas. Como lo señaló William Wyler en su momento, el clima ideológico no habría permitido otras películas de mensaje crítico, como lo habían sido The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1940), The Best Years of Our Lives (Lo mejor de nuestra vida, 1946) o Crossfire (Encrucijada de odios, 1947). Se interrumpió así una saludable corriente de cine más realista y crítico.

Al salir de la cárcel, ninguno de aquellos Diez pudo reanudar su carrera en el cine. Algunos debieron dedicarse a tareas humildes, de escasa remuneración (como Alvah Bessie) y otros adoptaron seudónimos para seguir escribiendo y colocando libretos, ahora mal pagados, como fue notoriamente el caso de Dalton Trumbo. El caso singular fue Edward Dmytryk. La cárcel le llevó a la reflexión de que fue condenado por una ideología comunista que había abandonado varios años antes y que le era atribuida por su solidaridad con los compañeros de causa. Para reanudar su carrera, no tenía como ellos la posibilidad del seudónimo, porque no era escritor sino director. La reflexión condujo a su expreso arrepentimiento. En abril 195l se presentó ante otro Comité parlamentario con un testimonio donde identificaba a 26 comunistas con quienes había estado vinculado. Esa confesión le permitió reanudar en Hollywood su carrera como director, aunque sin ningún título valioso. También le reportó un título de "traidor" que perduró hasta su muerte (1999) y que le ocasionó algunos disgustos públicos, como verse enfrentado a ex-compañeros en un Festival de Barcelona. Después escribió un libro de memorias (Odd Man Out, 1996) para explicar su conducta.

Otras consecuencias fueron más amplias. En 195l la segunda etapa de las Listas Negras aumentó los nombres de delatados y de delatores. Entre las nuevas víctimas importa citar a Larry Adler, Walter Bernstein, Dorothy Comingore, Howard Da Silva, Jules Dassin, Carl Foreman, John Garfield, Dashiell Hammett, Lillian Hellman, Paul Jarrico, Howard Koch, Joseph Losey, Lewis Milestone, Zero Mostel, Dorothy Parker, Abraham Polonsky, Paul Robeson, Waldo Salt, Artie Shaw, Gale Sondergaard, Lionel Stander, Donald Ogden Stewart, Marta Toren, Sam Wanamaker, Michael Wilson, Nedrick Young.

Sus destinos fueron muy variados, pero también muy dramáticos. Se produjeron diversas crisis personales que llevaron a la muerte (John Garfield, Canada Lee, J. Edward Bromberg, Mady Christians) y también algún suicidio (Philip Loeb). Tuvo repercusión pública el auto-exilio de Charles Chaplin (195l), vuelto a Inglaterra y luego a Suiza. Algunos proscriptos consiguieron volver al teatro o ingresar a la creciente televisión de la década de 1950. Aunque el gobierno comenzó a negar la renovación del pasaporte a algunos sospechosos, no pudo evitar el exilio de muchos, como los escritores Dalton Trumbo, Albert Maltz, Hugo Butler, John Wexley y John Bright (a México), Ben Barzman, Michael Wilson y los directores John Berry y Jules Dassin (a París), Ring Lardner, Ian McLellan Hunter, Howard Koch y el director Joseph Losey (a Gran Bretaña). Prosperó la industria del seudónimo para escritores que consiguieron colocar sus textos en cine o en TV, situación luego dramatizada en The Front (El testaferro, 1976) con Woody Allen al frente de un grupo de proscriptos. Y los seudónimos crearon situaciones incómodas cuando el Oscar de Hollywood recayó sobre escritores que no se podían presentar, como ocurrió con The Brave One (El niño y el toro, 1956), The Bridge on the River Kwai (El puente sobre el Río Kwai, 1957) y The Defiant Ones (Fuga en cadenas, 1958).

Elia KazanLOS TESTIMONIOS - Ya en 1948 se inició en Estados Unidos la publicación de informes sobre aquella crisis política. A lo largo de medio siglo se sucedieron los libros publicados por las víctimas (Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lillian Hellman, Walter Bernstein) y por numerosos historiadores, como John Cogley, David Caute, Stefan Kanfer, Howard Suber, Patrick McGilligan, Victor Navasky, sin olvidar las numerosas entrevistas en diarios y semanarios.

Los muchos libros (y en especial Naming Names de Navasky) han permitido conocer situaciones personales y también las explicaciones de quienes colaboraron con los Comités. Con ellos han llegado a confeccionarse Listas Blancas de delatores, una nómina que ha incluido a comunistas arrepentidos. Allí figuraron directores como Dmytryk, Robert Rossen y  Frank Tuttle, intérpretes como Larry Parks, Lee J. Cobb, Sterling Hayden, Marc Lawrence, escritores como Martin Berkeley, Richard Collins, Isobel Lennart, Clifford Odets. Tales inventarios son incompletos, desde luego, porque en las Listas Negras y en las Listas Blancas, que sumaron unos trescientos nombres, figuraron personas que realizaban tareas menores en Hollywood. Fue notorio el caso de Elia Kazan, que en 1952 prestó un testimonio voluntario, muy publicitado, denunciando a once personas que conoció como militantes comunistas durante su período teatral (en la década de 1930). Su mala fama perduró durante décadas y pasó a ser discutida mundialmente a comienzos de 1999, cuando la Academia de Hollywood otorgó un premio a su carrera como director, que había sido brillante. Debió temer la silbatina cuando subió al escenario para recibir ese Oscar.

MALOS RESULTADOS - Todo el propósito de los comités parlamentarios de investigación era detectar e impedir la influencia comunista en el cine americano. Pero si se examinan los fines, los medios y las consecuencias se puede advertir una gran frustración. De los interrogatorios de 1947 surgen los títulos de sólo tres películas tildadas de pro-soviéticas. Eran de 1943-1944, coincidían durante la guerra con una Unión Soviética aliada y se llamaron Mission to Moscow (Misión en Moscú, 1943), The North Star (La estrella norteña, 1943) y Song of Russia (Sombras en la nieve, 1944). Sus verdaderos autores eran el gobierno Roosevelt y productores como Goldwyn, Warner y MGM, pero aparecían enjuiciados sus escritores y directores, como Lillian Hellman, Howard Koch, Lewis Milestone. Y en cuanto al futuro, el fracaso esencial del Comité fue su imposibilidad de legislar sobre el cine, donde consiguió implantar un clima de temores. Por otra parte, sólo la ignorancia del cine pudo conducir a la creencia de que tales o cuales directores y escritores podían trasmitir propaganda comunista en las películas americanas. En esa alarma se omitía el hecho claro de que el cine de Hollywood era decidido por los productores, dato ignorado por los diputados y lamentablemente por algunos críticos, hasta hoy mismo.

RING LARDNER, Jr.

LA PALABRA "JUNIOR" fue necesaria para mencionarlo, porque era hijo del popular escritor Ring Lardner (1885-1933), autor de relatos humorísticos y cronista deportivo especializado en baseball. Nacido en 19l5, la carrera de Lardner Jr. en cine comenzó en 1937 e incluyó antes de la crisis política una docena de títulos, donde se destacan Woman of the Year (La mujer del año, 1942) que le valiera un Oscar compartido al libreto en 1942, y Forever Amber (Por siempre Ambar, 1947), pero donde también figuran otras tareas no reconocidas en los créditos oficiales. Cuando se produjo la crisis política, Lardner demandó a 20th Century Fox por incumplimiento de contrato. Ganó el pleito y lo perdió después en la apelación.

Lardner fue uno de los gestores de la estrategia seguida por los acusados. Él y otros razonaron que admitir una vinculación presente o pasada con el comunismo cancelaba toda futura tarea en Hollywood. A la inversa, negar esa vinculación no sólo sería mentir (el Comité parlamentario estaba mejor informado) sino también admitir implícitamente que ser comunista era un pecado mayor. Su tercer camino fue desafiar la autoridad del Comité, impugnando su derecho a introducirse en la vida privada de los ciudadanos. Cuando el Comité le preguntó si era o había sido comunista, Lardner contestó: "podría responder esa pregunta, pero si lo hiciera me odiaría a la mañana siguiente"

Cumplido su período de cárcel, Lardner tuvo mejor suerte que sus compañeros. Hizo trabajos para la televisión (1955 a 1959) y colaboró sin crédito en algunos libretos para el cine: The Big Night (La noche del odio, 1951), Virgin Island (Dos en un paraíso, 1958), A Breath of Scandal / Olympia (Escándalos imperiales, 1960), The Cardinal (El Cardenal, 1963). Recuperó el uso de su nombre en The Cincinnati Kid (Adiós ilusiones, 1965) y en M*A*S*H (M.A.S.H, 1970) que le reportó su segundo Oscar. También escribió la pieza teatral Foxy (con Ian McLellan Hunter, 1962) que no tuvo éxito. En el libro Tender Comrades aparece una larga entrevista de Lardner con el historiador Patrick McGilligan, donde informa sobre su período de cárcel y agrega algunas anécdotas sobre sus compañeros.

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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