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Matar a un Ruiseñor (1962):
El fin de la inocencia

Robert Mulligan y Gregory Peck, en el pueblo racista del sur, nos enseñan una lección de vida en un film conmovedor.

Por Marcos Celesia

Introducción: To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor, 1962) es uno de esos ejemplos en que se da una conjunción perfecta, una coincidencia de talentos, que parecen estar listos para florecer al mismo tiempo, cuando es el momento justo para cada uno. Como si todos los involucrados se hubiesen conocido previamente y hubiesen estado esperando el momento.

El talento de Gregory Peck era indudable, pero le faltaba ese personaje que le permitiese amalgamar en el mismo protagonista toda la humanidad del padre de The Yearling (El despertar, 1946) con la rectitud y respeto por la igualdad del periodista de Gentelman’s Agreement (La luz es para todos, 1947).

La escritora Harper Lee había ganado el Premio Pulitzer por su novela. Ocupada en la preparación de otra obra, no pudo aceptar el ofrecimiento de trasladar su novela al cine, pero deseaba tener la suerte (poco común en Hollywood) de que la misma fuese adaptada para la pantalla por un guionista capaz de captar la esencia de su novela: la simple historia de un hombre que vive en un pueblo sureño, padre viudo de dos hijos jóvenes. Este hombre, abogado, trata de inculcarles los valores de rectitud y humanidad por los que él mismo se guía, y debe enfrentar el mayor desafío de su vida. Defender a un negro acusado de violar a una mujer blanca.

El guionista ideal existía: Horton Foote, un escritor dotado de su misma sensibilidad, que realizó una de las mejores adaptaciones de la historia del cine. La Sra. Lee debe haberse sentido más que aliviada, porque el libro tenía para ella una fuerte carga emocional adicional: el personaje de Atticus Finch estaba inspirado en su propio padre. Y no olvidemos que en el film se logró respetar un elemento esencial de la novela, ya que la misma es narrada desde el punto de vista de la hija del abogado, que recuerda este episodio que marcó su infancia.

Y, finalmente, el productor Alan J. Pakula y el director Robert Mulligan. Si hay un director de Hollywood que haya sabido plasmar el espíritu del Sur de los Estados Unidos es sin dudas Robert Mullingan. Lo evidenció brillantemente en este film, y lo volvería a demostrar en The Other (El otro, 1972). En este última película la impresión del sur aborda todos los sentidos. Uno como espectador ve, siente, huele y oye los sonidos del sur.

Antecedentes del odio: La historia de To Kill a Mockingbird transcurre en el estado de Alabama, en la década del ‘30. Incluso tantos años después de su emancipación de la esclavitud, los negros seguían padeciendo los efectos de un racismo arraigado profundamente en los estados sureños. En 1867, a escasos dos años de la finalización de la Guerra Civil, se formó el aterrador Ku Klux Klan, que al día de hoy sigue teniendo sus adeptos y tejiendo su trama de discordia.

Fue precisamente en la década del ’30 que los hombres de color empezaron a rebelarse ante la opresión y la vergüenza de ser tratados como ciudadanos de tercera. Fueron años muy turbulentos y aciagos en la historia de los Estados Unidos y de los derechos humanos.

El argumento: En un pequeño pueblo ficticio de Alabama viven Atticus Finch (Gregory Peck), viudo, con sus dos jóvenes hijos, Scout (Mary Badham), de 6 años, y Jem (Phillip Alford), de 10 años. Atticus intenta criar a sus hijos dentro de preceptos que se encuentran reñidos con el racismo imperante en el Sur. Los niños disfrutan del verano junto a un nuevo amiguito, Dill Harris (John Megna), de 6 años. Toda su fantasía se concentra en el temor que les produce la presencia de un vecino (Boo Radley, interpretado por Robert Duvall) , que es el “loco” del pueblo.

Pronto el pueblo se ve sacudido por un escándalo de proporciones. Tom Robinson (Brock Peters) es un negro amable y de buenos sentimientos, que trata de ayudar a su prójimo. Por intentar hacer eso es acusado de golpear y violar a la joven blanca Mayella Ewell (Collin Wilcox), hija de Bob Ewell (James Anderson), uno de los más acérrimos racistas del lugar.

Atticus cree que Tom es inocente, y acepta defenderlo en el juicio. La reacción no se hace esperar. Los pueblerinos se encuentran indignados ante la osadía de Atticus, y los niños deben tolerar las agresiones de los compañeros de escuela. Son llamados “basura blanca” (white trash) y amantes de los negros (Nigger-lovers).

En un momento la imagen paterna de Atticus se ve puesta a prueba frente a sus hijos. Debe matar a un perro rabioso de un vecino, en una escena de alta carga dramática.

Antes del inicio del juicio se forma frente a la cárcel una multitud, con la clara intención de linchar a Tom. Atticus, que sospechaba esta posibilidad, se encuentra montando guardia frente a la prisión. La llegada de la pequeña Scout, que le habla a uno de los líderes de la revuelta, apacigua las cosas y los hombres se retiran.

El juicio empieza. Los niños se ubican en la planta superior del juzgado, donde se suele sentar la gente de color, acompañando a los familiares de Tom.  A lo largo del dramático juicio, Atticus logra probar la inocencia de Tom. Incluso Mayella llega a confesar en el estrado que su padre la encontró cuando ella le hacía insinuaciones a Tom y que, por tamaña afrenta, su mismo padre fue quien la golpeara. Para justificar sus moretones, acusan al negro de intento de violación. A pesar de esta evidencia insoslayable, el jurado, compuesto por todos blancos, declara a Tom culpable.

Atticus apelará la sentencia, pero antes de poder hacerlo Tom, convencido de que terminarán matándolo, intenta huir y es perseguido y asesinado. Atticus y los niños no encuentran consuelo.

Bob Ewell no olvida la forma en que Atticus los humilló a él y a su hija ante toda la ciudad, y decide vengarse. Una noche los niños deciden tomar un atajo desde la escuela. Scout lleva un pesado disfraz. Repentinamente Ewell los ataca, pero son salvados por una figura desconocida, que mata a Ewell y los lleva hasta la seguridad de su hogar.

Cuando llega el Comisario Tate (Frank Overton), para sorpresa de todos se descubre que quien los salvó es Boo Radley, que espera ansioso en una esquina de la habitación, casi en penumbras. Boo se ha encariñado con los niños y, sin que ellos lo supieran, les ha estado dejando regalos en el tronco de un árbol.

El comisario decide no levantar cargos contra Boo, ya que venía cuidando a los niños, y “determina” que Ewell se cayó sobre su propio cuchillo. A pedido de Boo, Scout le toma la mano y lo acompaña de regreso a su casa.

¿Matar a un qué?: Empecemos por corregir un error de traducción del título de la novela y la película. Un ruiseñor en inglés es un “nightingale”, no un “mockingbird”. La verdadera traducción es “sinsonte”. Se trata de un pájaro que no tiene una forma propia de cantar. Se debe limitar a emular el canto de otros pájaros. De allí su nombre: mocking bird, o pájaro imitador. Precisamente, Atticus debe matar al perro rabioso poco después de haberle explicado a los niños que es un pecado matar a un sinsonte. Y al final de la película Scout dice que haber acusado a Boo de asesinato habría sido como matar a un sinsonte.

Anécdotas: El regocijo de Harper Lee no sólo se extendió a las bondades de la conmovedora adaptación de Horton Foote y a la lograda realización. Gregory Peck tenía mucho en común con todo el concepto de la película, ya que –si bien no se crió en el Sur- su infancia en California del Sur se desarrolló en un pueblito, en el cual los niños pasaban los veranos jugando descalzos, subidos a los árboles y metiéndose en las cubiertas de los camiones y echándose a rodar por las calles empinadas. Reforzando el marcado tono autobiográfico de la novela, el reloj que usó Gregory Peck en la película es el que perteneciera al padre de Sra. Lee. Al finalizar el rodaje, ambos habían trabado una duradera amistad, y Lee le regaló el reloj. Al recibir su Oscar, Peck confesó que apreciaba más ese reloj que la estatuilla.

Repercusión: To Kill a Mockingbird fue un éxito de crítica y público. Ya nos ocuparemos de esto en otra oportunidad, pero se considera que 1962 fue el segundo año mejor de la historia de Hollywood. El mejor, por supuesto, fue 1939. Este film cuenta con los elementos de nostalgia y dramatismo, y una trama muy bien armada, con la encantadora Scout como protagonista-observadora.

El tema de las relaciones entre padres e hijos siempre ha sido dilecto para el cine, y el conflicto del racismo también cobraba cada vez más presencia en las pantallas. El “rapport” entre Peck y los niños es excelente. Todos estos elementos suman para que To Kill... no haya pasado desapercibida. La actuación de Mary Badham es impecable. Badham, que se retiró del cine luego de filmar dos películas más, es hermana del realizador John Badham, quien dirigió Saturday Night Fever (Fiebre de sábado por la noche, 1977).

To Kill a Mockingbird se estrenó el 25 de diciembre de 1962. Cuando llegó el momento de las nominaciones para el Oscar el film recibió 8 candidaturas:

Nominaciones para el Oscar:
1. Mejor Película (Productor: Alan J. Pakula)
2. Mejor Director: Robert Mullingan
3. Mejor Actor: Gregory Peck
4. Mejor Actriz de Reparto: Mary Badham
5. Mejor Guión Adaptado: Horton Foote
6. Mejor Dirección Artística (Alexander Golitzen y Henry Bumstead) y Escenografía (Oliver Emert) en Blanco y Negro
7. Mejor Fotografía en Blanco y Negro: Russell Harlan
8. Mejor Partitura Musical: Elmer Bernstein

En el recuento final ganó 3 estatuillas. Por Mejor Guión Adaptado y por Dirección Artísica y Escenografía. Y el la última estatuilla fue para Gregory Peck. En un año dificilísimo derrotó a Burt Lancaster por Bird Man of Alcatraz (La celda olvidada), Jack Lemmon por Days of Wine and Roses (Días de vino y rosas), Marcello Mastroianni por Divorzio all’Italiana (Divorcio a la italiana) y Peter O’Toole en Lawrence of Arabia (Lawrence de Arabia). Peck había perdido las esperanzas de ganarlo alguna vez, ya que hacía 13 años que no era nominado, y sus 4 nominaciones anteriores se había dado en un período de 5 años. Fueron por The Keys of the Kingdom (Las llaves del reino, 1945), The Yearling (El despertar, 1946), Gentelman’s Agreement (La luz es para todos, 1947) y Twelve O’Clock High (Almas en la hoguera,1949).

Pero el premio llegó y de las manos de la hermosísima Sophia Loren (ver foto). Peck declaró: “Cuando llegué al Auditorio de Santa Monica esa noche estaba convencido de que iba a perder. Pensaba que el ganador iba a ser Jack Lemmon por su excelente actuación en Days of Wine and Roses. Por cierto se lo merecía, así que ni siquiera estaba nervioso. Yo ya había estado en la misma situación y no había ganado, así que había aceptado el hecho de que perdería nuevamente. Después, cuando Sophia Loren leyó mi nombre, fue como si me diesen un golpe en la cabeza. Nunca en mi vida tuve una sensación física similar. Me quedé como paralizado”. 

Lamentablemente la Academia había dejado de entregar Oscars especiales a los actores juveniles. Hayley Mills había recibido el último por Pollyanna (Pollyanna, 1960). Así que la muy merecedora Mary Badham, de tan solo 9 años, tuvo que competir con 3 “pesos pesados” como Shirley Knight por Sweet Bird of Youth (Dulce pájaro de la juventud), Angela Lansbury en The Manchurian Candidate (El embajador del miedo) y Thelma Ritter por Bird Man of Alcatraz (La celda olvidada). Curiosamente, la vencedora fue otra actriz juvenil, Patty Duke, por su personificación de Helen Keller en The Miracle Worker (Ana de los milagros).

TO KILL A MOCKINGBIRD (Matar a un ruiseñor, 1962)

(Ficha técnica por Fabián Cepeda)

Universal International Pictures. 129 minutos. Productor: Alan J. Pakula. Director: Robert Mulligan. Guión: Horton Foote. Basado en la novela homónima de Harper Lee. Música: Elmer Bernstein. Fotografía: Russell Harlan. Dirección artística: Alexander Golitzen y Henry Bumstead. Decorados: Oliver Emert. Edición: Aaron Stell. Escenografía: Rosemary Odell.

Reparto: Gregory Peck, Mary Badham, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy, Ruth White, Brock Peters, Estelle Evans, Paul Fix, Collin Wilcox, James Anderson, Alice Ghostley, Robert Duvall, William Windom, Crahan Denton, Richard Hale, Steve Condit, Bill Walker, Hugh Sanders, Pauline Myers, Jester Hairston, Jamie Forster, Nancy Marshall, Kim Hamilton, Kelly Thordsen, Kim Hector, David Crawford, Guy Wilkerson, Charles Fredericks, Jay Sullivan, Barry Seltzer, Dan White, Tex Armstrong, narrada por Kim Stanley.

 

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