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Los Actores de Reparto
(3ra. parte)

Ward Bond, Anne Revere, Flora Robson y Sydney Greenstreet son sólo algunas de las cientos de "caras conocidas" que se robaron más de un película, en ésta, la última entrega de nuestra serie de notas.

Por Marcos Celesia

En la primera parte de este artículo analizamos en tema en términos generales y nos concentramos en algunos de los más destacados actores de reparto de la época dorada de Hollywood. En la 2° Parte fue el turno de las actrices que más descollaron en el Hollywood clásico. Ahora continuemos nuestro repaso, pero con los intérpretes no tan conocidos como Claude Rains o Agnes Moorehead. Pongámosle un nombre a esos rostros más anónimos...

En su libro “Who Is That? The Late Viewer’s Guide to the Old Movie Players” (Personality Posters, 1967), Warren B. Meyers nos presenta una galería de rostros. Son los actores de reparto, divididos en los estereotipos que solían encarnar. Pensamos que sería interesante repasar estas “categorías” y mencionar la película o par de películas más importantes de cada uno de esos intérpretes. En algunos casos, podrán encontrar sus fotos en nuestra GALERÍA de esta edición y de las dos partes anteriores de este artículo.

El eterno perdedor: Se trata del otro hombre, que siempre terminaba perdiendo a la “chica” ante el protagonista. Es curioso que un actor de la talla de Ralph Bellamy se halla visto encasillado en este rol tan ingrato. A tal punto llegó la situación que, incluso en la actualidad, los productores dicen “¿A quién ponemos en el rol de Ralph Bellamy?” Sus principales películas en este sentido fueron The Awful Truth (La pícara puritana, 1937), en que habrá perdido a Irene Dunne frente a Cary Grant, pero tuvo el consuelo de una nominación al Oscar, e His Girl Friday (Ayuno de amor, 1940), donde Rosalind Russell finalmente se quedó con... (¿quién podía ser?) Cary Grant.

La otra mujer: Puede ser la amante o la esposa del protagonista, ya sea loca o siniestra, que se interpone entre él y su nuevo amor. Al pobre Charles Boyer, Barbara O’Neil se lo hizo dos veces. Puso todas las trabas a su amor por Irene Dunne en When Tomorrow Comes (Almas prisioneras, 1939) y por la gobernanta Bette Davis en All This, and Heaven Too (El cielo y tú, 1940), que a Barbara le valió una nominación al Oscar. El rol de “la otra mujer” recayó muchas veces en una actriz que podría dudarse de considerarla “de reparto”: Kay Francis. En The Feminine Touch (El toque femenino, 1941), fue la otra mujer con toques de glamour y en tono de comedia, pero cuando se interpusp entre Cary Grant y Carole Lombard en In Name Only (Engaño nupcial, 1939) no escatimó recursos dramáticos.

Ya que mencionamos a Bette Davis, agreguemos a la lista a dos intérpretes especializadas en hacer de “la otra”. Por un lado tenemos a Mary Astor, que osciló entre los roles de apoyo y los protagónicos, y que ganó su Oscar por The Great Lie (La gran mentira, 1941). Aquí Bette, creyendo que su esposo (George Brent) ha muerto, ayuda a traer al mundo y adopta al hijo que tiene la anterior pareja del esposo, que es una renombrada pianista que recorre el mundo de gira y no tiene tiempo de cambiar pañales. La otra mujer es, por supuesto, Mary Astor. Pero cuando Brent aparece vivo, Bette sufre hasta último minuto ante la visita de Mary. ¿Le dirá al esposo que el hijo es de ella y no de Bette?

En The Old Maid (La solterona, 1939) es Bette quien queda embarazada de George Brent, al cual consuela porque la malévola prima de Bette (Miriam Hopkins) lo ha abandonado. Con promesas de matrimonio, Brent parte a la Guerra de Secesión. Pero esta vez sí se muere. Para encubrir su desgracia después de dar a luz a una niña, Bette abre un orfanato. Cuando Miriam se entera de la verdad, trae a vivir consigo a Bette y la niña. Se las ingenia para adoptar legalmente a su “sobrina”. Y ahora la pregunta es: Antes de que se case su hija, ¿se animará Bette a decirle que en realidad ella es su madre, a pesar de que la joven la considere su tía solterona?... ¿Entendieron? Bueno, en todo caso vean las películas en video. Bien valen la pena.

El malo de la película: Quizás dos de los malos por excelencia hayan sido Basil Rathbone y John Carradine. Los dos tuvieron un rango muy amplio, y evitaron el encasillamiento total, pero Rathbone descolló en The Adventures of Robin Hood (Las aventuras de Robin Hood, 1938) y John Carradine en The Prisoner of Shark Island (Prisionero del odio, 1936). También supieron explorar ese territorio figuras siniestras como Sydney Greenstreet y Peter Lorre, que compartieron cartel en muchas películas, notablemente en The Maltese Falcon (El halcón maltés, 1941) y en Casablanca (Casablanca, 1943).

Villanos y buenos del Oeste: Alternando entre un rol y otro están esos rostros inolvidables de las películas “de cowboys”. Muy peculiares y con su toque de humor podemos mencionar a Slim Pickens, en Santa Fe Passage (Ruta a Santa Fe, 1955) y Jack Elam, de The Man from Laramie (Hambre de venganza, 1955). Y al eterno aliado de director John Ford, el versátil Ward Bond, de Fort Apache (Sangre de héroes, 1948).

Madres (y abuelas) abnegadas: Tal vez la más recordada por sus dramáticas circunstancias y su ulterior sacrificio sea la Ma Joad de Jane Darwell de The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1940). Pero también está Beulah Bondi, que casi hizo una carrera de interpretar a la madre de James Stewart, por ejemplo en Of Human Hearts (Ingratitud, 1938). Y Fay Bainter que, si bien en su rol más famoso era la tía de Bette Davis en Jezebel (Jezabel la tempestuosa, 1938), el papel le valió un Oscar. May Robson fue la madre de Clark Gable en Wife Vs. Secretary (Entre esposa y secretaria, 1936) y Anne Revere tuvo que lidiar con Elizabeth Taylor en National Velvet (Fuego de juventud, 1945). Otra madre de aspecto muy aristocrático fue Lucile Watson, que en el celuloide procreó, entre otros, a James Stewart, Norma Shearer, Barbara Stanwyck y, más notablemente, a Bette Davis en Watch On the Rhine (Alerta en el Rhin, 1943), que le significó una nominación al Oscar. (Fe de erratas: En la Galería de la Primera Parte de esta nota identificamos la foto de esta actriz como Lucille. Su nombre se escribe con una sola “l”).

Padres y abuelos (algunos aristocráticos e ingleses): El padre por excelencia en Hollywood debe haber sido el Juez Hardy, de la serie de películas de Andy Hardy, con Mickey Rooney, en que Lewis Stone representó la quintaesencia de la paternidad, la rectitud y el ejemplo. Actuó a partir de la segunda película de la serie, You’re Only Young Once (Paso a la justicia, 1938), en reemplazo del accidentado Lionel Barrymore. Stone tuvo una larga carrera cinematográfica, en la que incluso interpretó al confidente, esposo o ex-amante de Greta Garbo, por ejemplo en A Woman of Affairs (El carnaval de la vida, 1928) y Wild Orchids (Orquídeas salvajes, 1929) (ver foto). Luego la secundó en Romance (Romance, 1930), Inspiration (Inspiración, 1930), Grand Hotel (Gran Hotel, 1932), Mata Hari (Mata Hari, 1932) y Queen Christina (Reina Crisitina1933). Fue nominado al Oscar como Actor Protagónico por The Patriot (Alta traición, 1928), en otro ejemplo de una actuación de reparto que fue nominada como principal porque en esos años no existía la categoría específica. Con el correr de los años interpretó roles aristocráticos en películas de época, como ya había hecho en David Copperfield (David Copperfield, 1935), y hacia el final de su carrera en films como The Prisoner of Zenda (El prisionero de Zenda, 1952) y Scaramouche (Scaramouche, 1952). Dos actores británicos se especializaron en interpretar padres o abuelos con particular éxito: C. Aubrey Smith fue abuelo de Shirley Temple en Wee Willie Winkie (El ídolo del regimiento, 1937) y Edmund Gwenn compuso al abnegado padre de Greer Garson en Pride and Prejudice (Más fuerte que el orgullo, 1940).

Británicos: Fuesen aristocráticos o trabajadores, los británicos ayer, como hasta el día de hoy, fascinan a Hollywood con sus habilidades histriónicas y sus fascinantes acentos. Sara Allgood fue la sufriente esposa de Donald Crisp en How Green Was My Valley (Qué verde era mi valle, 1941) y Lassie Come Home (La cadena invisible, 1943). Elsa Lanchester no permitió que su esposo Charles Laughton le hiciese sombra en Witness for the Prosecution (Testigo de cargo, 1957). Al fin y al cabo, ya había sido La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935). Y desde su debut en Gaslight (La luz que agoniza, 1944), la fascinante Angela Lansbury ha interpretado las más variadas edades, como por ejemplo cuando logró una nominación para el Oscar en The Manchurian Candidate (El embajador del miedo, 1962), en la cual hacía de madre de Laurence Harvey, ¡a quien le llevaba sólo 3 años! Por su parte, Flora Robson, con una brillante carrera en los escenarios británicos, llegó al cine en la década del ’30. Interpretó a la Reina Isabel I en dos oportunidades, en Fire Over England (Fuego en Inglaterra, 1937) y en The Sea Hawk (El halcón de los mares, 1940). Muy reconocida por su personaje en Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1939), finalmente logró una nominación para el Oscar en Saratoga Trunk (La exótica, 1946).

Barry Fitzgerald ganó el Oscar por su obstinado religioso en Going My Way (El buen pastor, 1944) (ver CURIOSIDADES de la Edición N° 1). Henry Stephenson brindó su apoyo aristocrático a Errol Flynn en varias películas, entre ellas Captain Blood (El Capitán Blood, 1935) y The Charge of the Light Brigade (La carga de la brigada ligera, 1936). El entrañable Henry Travers también fue nominado para el Oscar por su floricultor en Mrs. Miniver (Rosa de abolengo, 1942) y H. B. Warner tuvo la misma suerte por su interpretación en Lost Horizon (Horizontes perdidos, 1937).

Amigos y compinches: En este categoría entran los compañeros de aventuras, como Alan Hale, que al menos en la pantalla parece haber sido el mejor amigo de Errol Flynn, por ejemplo en The Sea Hawk (El halcón de los mares, 1940). ¿Qué mejores amigas podía pedir Bette Davis que Geraldine Fitzgerald en Dark Victory (Amarga victoria, 1939) y Celeste Holm en All About Eve (La malvada, 1950)? El multifacético Edward Everett Horton acompañó a Fred Astaire en varios musicales, destacándose entre ellos Top Hat (Sombrero de copa, 1935). Después están esos “amigos” que no se callan nada, que usan la palabra como un arma letal. Su mejor y más hilarante representante debe ser Eve Arden, la sarcástica amiga de Joan Crawford en Mildred Pierce (El suplicio de una madre, 1945), que le valió una nominación para el Oscar. Y Reginald Gardiner, el desopilante compinche de Monty Wooley en The Man Who Came to Dinner (El hombre que vino a cenar, 1941).

Los entrometidos de siempre: Vecinas que husmean, compañeros de trabajo que critican, patéticos personajes faltos de todo carácter. Esos son los entrometidos de siempre. El eterno dubitativo Donald Meek fue el tímido vendedor de licor en Stagecoach (La diligencia, 1939). Una O’Connor fascinó al mundo con sus gritos y chillidos, en especial por temor a Frankenstein (“¡Albert! ¡Está vivo!... El monstruo ¡está vivo!”) en Bride of Frankenstein (La novia de Frankenstein, 1935). ZaSu Pitts inició su carrera en el cine mudo, pero con la llegada del sonido quedó relegada a papeles de comedia, en que interpretaba a personajes un tanto alejados de los eventos que los rodeaban. Una de sus películas más destacadas fue Life With Father (Vivir con papá, 1947). Otra recordada vecina o tía de las que se meten donde nadie las llama es Ellen Corby, nominada al Oscar por su Tía Trina de I Remember Mama (Recuerdos de mi madre, 1948).

Actores infantiles: No todos los niños actores tuvieron la suerte de ser “estrellas” como Shirley Temple, Freddie Bartholomew, Mickey Rooney, Elizabeth Taylor o Margaret O’Brien. Los hubo también “de reparto”. Uno de los más encantadores fue el pecoso Jackie “Butch” Jenkins, que hizo de hermano menor de Elizabeth Taylor en National Velvet (Fuego de juventud, 1954) y en My Brother Talks to Horses (Mi hermano hablaba a los caballos, 1946) (ver foto). Lamentablemente su carrera fue breve, ya que al crecer empezó a padecer de tartamudez y debió retirarse. Bobby Driscoll es uno de esos niños actores con un final trágico. Después de triunfar con Song of the South (Canción del Sur, 1946) y Treasure Island (La isla del tesoro, 1950) y de ganar un Oscar al Mejor Actor Juvenil de 1949, por The Window (La ventana), su carrera se desvaneció después de la adolescencia. Se convirtió en adicto y su cuerpo fue hallado en un edificio abandonado de Nueva York. Tenía 31 años y las huellas dactilares revelaron su identidad recién 3 años más tarde. El talentoso Dean Stockwell, contratado por la MGM, estelarizó The Boy With Green Hair (El niño del cabello verde, 1948). Con algunos altos y respiros, Stockwell continuó su carrera y se ha convertido en un verdadero “actor de carácter” del nuevo milenio.

Jane Withers fue la antítesis de Shirley Temple. Era morocha, no particularmente hermosa ni dulce, pero sí muy talentosa. En su segunda película interpretó a la “niña problema” que atormentaba a la pobre Shirley en Bright Eyes (Rayito de sol, 1934). Después hizo casi 50 películas en 12 años, pero, salvo por The Farmer Takes a Wife (Doble conquista, 1935), nunca fueron de una calidad similar a las que se asignaban a otras estrellas juveniles. La infaltable adolescencia terminó con su carrera, si bien ha regresado muy ocasionalmente a desempeñar pequeños roles de reparto. Bonita Granville (nominada para el Oscar) y Marcia Mae Jones fueron la niña mala y la atormentada de These Three (Infamia, 1937) (ver foto). Jones deslumbrado también en The Adventures of Tom Sawyer (Las aventuras de Tom Sawyer, 1938), y cuando no logró una transición exitosa a roles más maduros se volcó al alcohol. Granville protagonizó la serie de Nancy Drew, Detective (Nancy, la detective, 1937), y siguió su carrera. Fue productora de la serie televisiva “Lassie”. Virginia Weidler fue una de las más talentosas, si bien no las más afortunada de las actrices juveniles. Brilló como la hermana de Katharine Hepburn en The Philadelphia Story (Pecadora equivocada, 1940), pero hacia el final de su carrera la MGM la boicoteó para favorecer a su nueva adquisición, la ahora adolescente Shirley Temple, y encima toleró que el temperamental John Barrymore literalmente la arrojase por el aire en el set de The Great Man Votes (Un gran hombre, 1939), cuando le pareció que la joven trataba de robarle una escena. Peggy Ann Garner inició su carrera siendo muy niña. Uno de sus primeros roles fue de hija de Carole Lombard en In Name Only (Engaño nupcial, 1939) (ver foto) Después sorprendió con su composición de la pequeña Jane Eyre (Alma rebelde, 1943), y finalmente ganó otro de los Oscar miniatura por A Tree Grows in Brooklyn (Lazos humanos, 1945).

Todo propósito: En cada “generación” siempre hay un grupo de actores de reparto que por sus características físicas y su personalidad no se prestaron tanto al bendito encasillamiento, y por lo tanto tuvieron la suerte de ser convocados para roles variados. Joan Blondell venía del teatro. Su primer rol importante fue la versión cinematográfico de un papel que había creado en Broadway con James Cagney, Sinner’s Holiday (1930), no estrenada en la Argentina. Tuvo una carrera particularmente productiva durante los ’30 y los ’40, desempeñando toda suerte roles, incluso protagónicos o coprotagónicos. Fue la mejor amiga, la perdida con un corazón de oro, la madre irresponsable. Uno de sus papeles más recordados fue el de la Tía Sissy en A Tree Grows in Brooklyn (Lazos humanos, 1945). Fue nominada para el Oscar por su rol de madre irresponsable en The Blue Veil (El velo azul, 1951). La encantadora Spring Byington podía interpretar una madre, en Little Women (Las cuatro hermanitas, 1933), una “snob” o una vecina entrometida, como en Theodora Goes Wild (Los pecados de Teodora, 1936), o el “alma libre” que le valió una nominación al Oscar en You Can Take It With You (Vive como quieras, 1938). Otro espíritu libre fue el de Billie Burke. Estrella del teatro desde muy joven y esposa de Florenz Ziegfeld, se destacó en la pantalla en roles variados, pero predominaron los personajes risueños, confundidos y distraídos. Lo demostró en Topper (Fantasmas bohemios, 1937), fue nominada para el Oscar por Merrily We Live (Su Excelencia el vagabundo, 1938) y volvió a las andadas en The Man Who Came to Dinner (El hombre que vino a cenar, 1941). Por otro lado tenemos a Edna May Oliver. Con sus facciones peculiares se especializó en roles de mujeres de carácter fuerte, o solteronas, algunas bondadosas, y muchas en películas de época, como la Tía March de Little Women (Las cuatro hermanitas, 1933), la Reina de Corazones de Alice in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas, 1933), la Tía Betsy de David Copperfield (David Copperfield, 1935), la nodriza de Romeo and Juliet (Romeo y Julieta, 1936), y una viuda entre pioneros del Oeste en Drums Along the Mohawk (Al redoblar de tambores, 1939), que le valió una nominación para el Oscar.

Edward Arnold da verdadero sentido a esta sección. En su carrera cinematográfica de casi 40 años encarnó personajes muy diversos, desde empresarios o magnates codiciosos, en Come and Get It (Hijo y rival, 1936), políticos corruptos, en Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939), roles históricos, en Cardinal Richelieu (El Cardenal Richelieu, 1935) detectives y malvivientes. William Demarest, de orígenes teatrales, tuvo una carrera aún más extensa: fueron 50 años dando vida a personajes que por lo general se mostraban bastante enojados, exasperados y llenos de dudas y sospechas. Al igual que Arnold, estuvo en Mr. Smith Goes to Washington, pero deben destacarse de su filmografía la hilarante farsa The Miracle of Morgan’s Creek (El asombro del siglo, 1944) y el drama musical biográfico The Jolson Story (El hombre inolvidable, 1946), por el cual fue nominado para el Oscar. Lo único que hubiera podido encasillar al simpático Eugene Pallette habría sido su exceso de peso. Pero este actor, que inició su carrera en el cine mudo y con muchos talles menos, llegó al cine sonoro cómodamente instalado en roles secundarios. Brilló en comedias de enredos, como My Man Godfrey (La porfiada Irene, 1936) y Topper (Fantasmas bohemios, 1937), y en películas de aventuras de época, como en The Adventures of Robin Hood (Las aventuras de Robin Hood, 1938) y The Mark of Zorro (La marca del Zorro). Y, para que nadie dudara de que tenía con qué alimentarse, fue el personaje ricachón de varias comedias de Deanna Durbin, entre ellas One Hundered Men and a Girl (Cien hombres y una muchacha, 1937) y First Love (Primer amor, 1939).

Actores negros: Al nombrar a la maravillosa Hattie McDaniel en esta nota dijimos que la otra doméstica por excelencia de Hollywood era Louise Beavers. Se la recuerda especialmente por su caracterización de Imitation of Life (Imitación de la vida, 1934), donde traba amistad con Claudette Colbert y su hija Fredi Washington trata de pasar por blanca. En la segunda versión de esta novela de Fannie Hurst, que se realizó en 1959 con el mismo título en inglés y en español, el rol recayó en Juanita Moore, quien recibió una nominación para el Oscar. En este caso la amiga era Lana Turner y la hija Susan Kohner. Ethel Waters también fue nominada para el Oscar en Pinky (Lo que la carne hereda, 1948) y se destacó en The Member of the Wedding (1952, no se exhibió en la Argentina, pero se estrenó con el título Cruel desengaño en otros países de habla hispana).

Entre los actores de color debe guardarse un lugar muy especial para Juano Hernández, cuya interpretación de un hombre acusado de asesinato en un pueblo sureño en Intruder in the Dust (1949) (ver foto) (este film no se estrenó en la Argentina, pero en algunas fuentes figura el título español Rencor) es una de las mejor recordadas por los activistas de su raza. Y Rex Ingram brindó una actuación memorable en The Green Pastures (Praderas verdes, 1936). Fue únicamente con la llegada de Sidney Poitier que se puede hablar de la primera estrella de color en Hollywood.

Europeos y vecinos: Los encantadores Felix Bressart y Fritz Feld fueron dos alemanes que no tuvieron que dedicarse exclusivamente a hacer de general enemigo. Bressart se destacó en Ninotchka (Ninoska, 1939), como uno de los tres emisarios rusos, y como el actor judío de To Be or Not to Be (Ser o no ser, 1942). Y Feld fue encasillado en el eterno rol de excéntricos camareros, extranjeros o directores. Entre sus películas más destacadas podemos mencionar Bringing Up Baby (La adorable revoltosa, 1938) y Hello, Dolly (Hello, Dolly, 1969). Los coroneles alemanes parecen haber recaído mayormente en Conrad Veidt, por ejemplo en Casablanca (Casablanca, 1943). No obstante, y a pesar de su breve paso por Hollywood, escapó al encasillamiento en la excelente A Woman’s Face (Un rostro de mujer, 1941)

La imponente y diminuta Maria Ouspenskaya, maestra rusa de actores, fue nominada para el Oscar en dos oportunidades: por Dodsworth (Fuego otoñal, 1936) y por Love Affair (Cita de amor, 1939). Su compatriota ruso, Akim Tamiroff, también recibió el doble honor, por The General Died at Dawn (El general murió al amanecer, 1936) y por For Whom the Bell Tolls (Por quién doblan las campanas, 1943). Y un tercer emigrado de Rusia, Mischa Auer, recibió su candidatura por el rol del artista necesitado en My Man Godfrey (La porfiada Irene, 1936). El húngaro S. Z. Sakall se especializó en interpretar a empresarios teatrales nacidos de la nada, como lo ejemplifican Yankee Doodle Dandy (Triunfo supremo, 1942) y Tea for Two (Té para dos, 1950).

Orientales: Cuando los roles protagónicos de orientales no eran cubiertos por actores occidentales “escondidos” detrás del maquillaje (ver CURIOSIDADES de la Edición N° 2), quedaban algunos papeles de reparto que eran cubiertos por excelentes intérpretes. Por lo general los que mayor repercusión lograron fueron los hombres, e interpretaban a chinos o japoneses malvados. Nacido en Hawai, Richard Loo desempeñó memorablemente algunos despiadados soldados o guardas japoneses en películas sobre la Segunda Guerra Mundial, como en The Purple Heart (Así luchan los valientes, 1944) o en I Was an American Spy (Yo fui una espía, 1951). Philip Ahn, de origen coreano, tuvo un prolífica carrera pero por lo general relegado a las profundidades de los listados de reparto. Actuó en producciones de calidad, como por ejemplo en The General Died at Dawn (El general murió al amanecer, 1936), en The Keys of the Kingdon (Las llaves del reino, 1945) y en un interesante estudio de los soldados estadounidenses que regresaron de la guerra con esposas japonesas, dirigido por King Vidor pero no estrenado en la Argentina, Japanese War Bride (1952). Keye Luke entró al cine como diseñador de carteles, pero pronto se volcó a la actuación. Se lo conoce principalmente por su papel de hijo en la serie “Charlie Chan” y por la serie televisiva “Kung Fu”, pero tuvo actuaciones destacadas en películas como The Good Earth (La buena tierra, 1937) y Across the Pacific (A través del Pacífico, 1942).

Con algunas excepciones, en esta serie de artículos nos hemos concentrado en mayor detalle en los actores que desarrollaron sus carreras principalmente en las décadas del ’30 y el ’40. Más adelante volveremos para reconocer el trabajo de los actores de los ’50 y los ’60. Y, sin lugar a dudas, en futuras ediciones abordaremos el tema desde la óptica de algunas de estas “categorías”.

Pero, por ahora, hemos llegado al final de nuestro recorrido. Cómo... ¿“final de nuestro recorrido”? Mal se lo puede llamar meramente un recorrido ni mucho menos final. El arte de los actores de carácter de Hollywood nos puede embarcar en un viaje interminable de descubrimiento y admiración. Cada film nos puede llamar la atención sobre tal o cual actriz y llevarnos a reconocerla la siguiente vez que vemos una de sus películas. Después buscaremos su nombre en los títulos del final... Sí, claro. Como ésa mujer tan maléfica. ¿No se acuerdan que en Rebecca hacía del ama de llaves? Se llamaba...

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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