Portada | | Buscar en Hollywood Clásico | Seguinos en Seguinos en Facebook

Las ceremonias del Oscar®

Por Marcos Celesia

La ceremonia del Oscar® es uno de los eventos más esperados del mundo del espectáculo. Todos los años no sólo se generan expectativas sobre los premios propiamente dichos, sino que siempre está el tema de la ceremonia en sí. Los amantes del cine se preguntan quién la conducirá, si las canciones serán bien interpretadas, quiénes serán los presentadores, quién va a hacer el mayor papelón, quien será el perdedor más “ofuscado”, quién va a llorar más. Si será aburrida, larga o emocionante, si habrá sorpresas...

Con 72 años de historia, se han acumulado momentos inolvidables de esas ceremonias como para llenar un libro. Esta vez repasaremos la mayor cantidad posible, desde los graciosos, los tragicómicos y los emotivos. Embarquémonos en los recuerdos que traen de la mano las ceremonias de entrega del premio más codiciado del mundo del cine.

1931-32: Fredric March y Wallace Beery protagonizaron el primer empate en la historia del Oscar® (que únicamente se repitió una vez en las categorías de actuación). Según las reglas de la época, si había una diferencia de tres votos se declaraba un empate, y March obtuvo un voto más que Beery. Todo el público sabía que ambos actores habían adoptado niños recientemente, así que March dijo: “¡Me parece un poco extraño que a Beery y a mí nos den un premio a la mejor actuación masculina!”

1932–33: Will Rogers, como maestro de ceremonias, tenía que anunciar el premio al Mejor Director. Abrió el sobre y dijo: “El ganador es mi buen amigo Frank. ¡Ven a recibirlo, Frank!”. Hizo una pausa y agregó “El ganador es Frank Lloyd”. El problema es que durante esa pausa se levantaron de sus asientos los DOS Franks que estaban nominados: Frank Capra, por Lady for a Day (Dama por un diá) y Frank Lloyd por Cavalcade (Cabalgata), ambos amigos de Rogers. Frank Capra ha descrito que literalmente se arrastró de vuelta a su asiento. Pero la recompensa del Oscar® le llegó al año siguiente. No conforme con el primer papelón, hizo que se acercaran al podio las dos candidatas al premio a la Mejor Actriz, May Robson y Diana Wynyard. Sabiendo de antemano el nombre de la ganadora, les dijo que las dos habían brindado actuaciones brillantes, las besó y anunció que la ganadora era la ausente Katharine Hepburn, por Morning Glory (Gloria de un día). Es mismo año, la mimada de la taquilla y el público, Shirley Temple, recibió el primer Oscar® al Mejor Intérprete Juvenil: una estatuilla en miniatura.

1934: Claudette Colbert no tenía la menor esperanza de ganar el Oscar® como Mejor Actriz por It Happened One Night (Lo que sucedió aquella noche). Pensaba que la ganadora sería Bette Davis por Of Human Bondage (Cautivo del deseo). Cuando Claudette supo que había ganado estaba por abordar un tren a Nueva York. Se subió a un taxi, hizo una pasada rasante por la ceremonia, recibió su premio y se fue.

1938: El ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy (que el año anterior habían recibido un Oscar® Especial hecho de madera y con la boca articulada) le entregaron a Mickey Rooney y Deanna Durbin dos Oscar® miniatura a los Mejores Intérpretes Juveniles, y la pequeña Shirley Temple le entregó un Oscar® Especial “normal” y 7 en miniatura a Walt Disney por su largometraje de animación Snow White and the Seven Dwarfs (Blanca Nieves y los siete enanitos).

1939: Olivia-Joan, Round 1. Si bien Joan Fontaine no tuvo participación alguna en los premios de este año, aquí se empezó a gestar una pelea entre ella y su hermana Olivia de Havilland que las ha distanciado incluso hasta la actualidad, tantas décadas después. Olivia estaba segura de ganar el Oscar® a la Mejor Actriz de Reparto por Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó), pero la triunfadora fue su compañera de elenco, la adorable “Mammy”, Hattie McDaniel. De Havilland rompió en llantos y sollozos en público y tuvo que ser llevada aparte por una amiga, que la tomó firmemente de los brazos y le ordenó calmarse e ir a felicitar a su compañera Hattie. Al año siguiente Joan obtuvo su primera nominación por Rebecca (Rebeca, una mujer inolvidable, 1940), lo cual puso muy celosa a Olivia.

1941: Olivia-Joan, Round 2. Sucedió lo que tenía que pasar. Las dos hermanas fueron nominadas para el mismo premio, Mejor Actriz. Olivia por Hold Back the Dawn (La puerta de oro) y Joan por Suspicion (La sospecha). Como el premio estaba muy disputado entre ellas dos, Bette Davis y Katharine Hepburn, Joan no tenía expectativas de ganar.

Su hermana Olivia la “obligó” a asistir a la ceremonia. Cuando se leyó el nombre de la ganadora (Joan), la actriz que estaba siendo recompensada por haber perdido el año anterior, se quedó como congelada, sabiendo lo que su victoria acarrearía. Olivia la codeó para que reaccionara. Después posaron juntas para los fotógrafos, pero los sentimientos de Olivia habían quedado marcados para siempre. Nunca le perdonó a su hermana haberle ganado.

1942: La Mejor Actriz, Greer Garson por Mrs. Miniver (Rosa de abolengo), dio uno de los discursos de aceptación más largos de la historia del Oscar®. Durante años se dijo que había durando casi 20 minutos, pero en realidad fueron menos de 6. El músico Iriving Berlin tuvo que superar el bochorno de abrir el sobre de la categoría Mejor Canción, que debía anunciar, y decir que el ganador era... él mismo. Desde entonces, la Academia ya no le pide a candidatos a un premio que lo presenten ellos mismos.

1945: La nota de felicidad (y si llamaba la atención mejor aún) la dio Joan Crawford, ganadora por Mildred Pierce (El suplicio de una madre). Estaba enferma y confinada al lecho y no esperaba ganar, pero cuando se anunció su nombre, los periodistas y un funcionario de la Academia fueron a su casa para entregarle la estatuilla. La encontraron perfectamente maquillada en su mejor ropa de noche. ¿Cuál les parece que fue la imagen que ilustró las primeras planas de los diarios del día siguiente?

1946: Olivia-Joan, Round 3. Finalmente Olivia estaba nominada nuevamente para el premio mayor, y lo ganó, por To Each His Own (Lágrimas de una madre). Cuando bajaba del podio aferrando la estatuilla, su hermana Joan se acercó a felicitarla. Olivia, con un gesto despectivo, la apartó y siguió su camino. Al llegar a la mesa Olivia comentó: “No sé por qué hace esto cuando sabe cómo me siento”. La disputa, captada por los fotógrafos, ya era de público conocimiento, y durante años las periodistas del espectáculo Louella Parsons y Hedda Hopper se encargaron de echar leña al fuego en cada oportunidad que se les presentó. El resultado fue la ruptura definitiva de las hermanas. En una nota un poco más emotiva, el veterano de guerra Harold Russell, que había actuado en The Best Years of Our Lives (Los mejores años de nuestra vida), haciendo de lo que era, un excombatiente cuyas manos habían sido amputadas, recibió un Premio Honorario, además de estar nominado como Mejor Actor de Reparto. Para sorpresa de muchos, que esperaban una victoria de Claude Rains o Clifton Webb, Russell se llevó también ese galardón. Fue conmovedor verlo sujetando las dos estatuillas con sus prótesis metálicas.

1947: La popular actriz Loretta Young no tenía la menor expectativa de ganar ell Oscar® a la Mejor Actriz por The Farmer’s Daughter (Mi adorable rival). Lo que es más. Figuraba última en las encuestas. La favorita absoluta era su mejor amiga, Rosalind Russell por Mourning Becomes Electra (Electra). Pero cuando Fredric March anunció su nombre (y Rosalind ya estaba levantándose de su butaca), Loretta tuvo que subir al podio. Tal era su incredulidad que March le mostró su nombre en el sobre. A los pocos minutos, ya en la sala de prensa, la confundida Loretta exclamó: “Y Roz. ¿Ahora qué le digo a Roz?”.

1948: La gran emoción de la noche fue ver el orgullo de Walter Huston por el Oscar® ganado por su hijo John, por la dirección de Treasure of Sierra Madre (El tesoro de la Sierra Madre).

Pero eso no era todo. Walter había actuado en la película, dirigido por su hijo, y fue ganador como Mejor Actor de Reparto. Entonces, la emoción también fue para el hijo, por haberle dado a su padre la oportunidad de ganar su propio Oscar®.

1954: Judy Garland era la favorita absoluta para ganar como Mejor Actriz por A Star is Born (Nace una estrella). Se encontraba internada después de haber dado a luz a su hijo. La NBC tenía cámaras listas fuera de su habitación. Pero la ganadora sorpresa fue Grace Kelly por The Country Girl (La que volvió por su amor). Las cámaras fueron retiradas discretamente del hospital. Ese mismo año la Mejor Actriz de Reparto fue Eva Marie Saint, por On the Waterfront (Nido de ratas). Subió al escenario muy emocionada ¡y muy embarazada! Dijo: “Creo que voy a tener a mi bebé ahora mismo”. Y lo tuvo a los pocos días.

1956: Si bien no estaba presente para darle más emoción al momento, Ingrid Bergman fue la gran protagonista de la ceremonia, al ganar como Mejor Actriz por Anastasia (Anastasia). Antes había presentado al ganador de premio al Mejor Director, en una transmisión desde París. Finalmente Hollywood la había perdonado. Hacía seis años había protagonizado un escándalo de proporciones. Viajó a Europa para filmar bajo las órdenes del italiano Roberto Rossellini, se enamoraron, ella quedó embarazada, y los dos abandonaron a sus respectivos cónyuges e hijos. Obviamente, la meca del cine no aceptaba este tipo de conductas, y la declaró persona non grata. Nunca había vuelto a los Estados Unidos. Al anunciarse el premio, que fue aceptado en su nombre por Cary Grant, la sala explotó en un aplauso ensordecedor.

1960: Pocos años más tarde, Hollywood perdonaba más rápido. Elizabeth Taylor había escandalizado al mundo del cine al enamorarse de Eddie Fisher, esposo de su mejor amiga, Debbie Reynolds. Eddie la estaba consolando por la trágica muerte de su marido anterior, Mike Todd. Supuestamente la relación de Eddie y Debbie había terminado, pero Hollywood no lo aceptó de esa manera. En este año la nominaron por cuarta vez consecutiva, por Butterfiled 8 (Una Venus en visón), película lamentable en que Taylor no merecía siquiera la nominación. Pero un mes antes de la ceremonia Liz estuvo al borde de la muerte, internada por una neumonía. Durante toda la ceremonia las cámaras la enfocaron, pálida y demacrada. El premio lo ganó por esta circunstancia y no por su actuación. Del brazo de su esposo Fisher caminó lentamente al podio y agradeció con un hilo de voz. Días después Debbie Reynolds dijo: “¡Qué diablos! Si hasta yo voté por ella”. Ambas actrices, que recompusieron su amistad con el correr de los años, han filmado una película juntas recientemente.

1962: La rivalidad descarnada entre Bette Davis y Joan Crawford durante la filmación del clásico del suspenso What Ever Happened to Baby Jane? (¿Qué pasó con Baby Jane?) se trasladó a la ceremonia del Oscar®. Bette recibió la última nominación de su carrera y Joan quedó excluida. Indignada, Crawford se ofreció de voluntaria para recibir el premio si ganaba cualquier actriz que no estuviese presente en la sala. La ganadora fue Anne Bancroft por The Miracle Worker (Ana de los milagros), quien estaba trabajando en Broadway. Davis estaba tras bambalinas escuchando el resultado de la votación. Al anunciarse el nombre, Crawford la corrió a un costado y le dijo: “Permiso, necesito pasar. Tengo que recibir un Oscar®”. Y por el resto de la velada se paseó con la estatuilla como si fuese propia. La venganza de Davis llegó cuando dos años más tarde se decidió filmar una película similar juntando a las mismas actrices y al mismo director. Mal que les pesase, las dos aceptaron, pero antes de que se iniciase el rodaje, Joan Crawford tuvo que abandonar el proyecto por problemas de salud. Encantada, Davis la hizo reemplazar por su amiga Olivia de Havilland.

1964: Cuando llegó la hora de llevar al cine el exitoso musical de Broadway My Fair Lady (Mi bella dama), el productor Jack Warner no había aceptado contratar a la creadora del rol en Broadway (Julie Andrews) bajo ningún concepto. Había cedido respecto de Rex Harrison (que jugó el papel en teatro junto a la Andrews) y le había dado el rol del Profesor Higgins, que hasta Cary Grant lo había rechazado. La elección para interpretar a Eliza Doolittle recayó en Audrey Hepburn. La hermosa y talentosa actriz estaba muy conciente de que se metía en gran revuelo al aceptar el papel. Y tomó plena conciencia cuando no sólo no la nominaron para el Oscar (nominación que se merecía) sino que como favorita para el premio se perfilaba Julie Andrews, por Mary Poppins (Mary Poppins, 1964). Con la frente bien alta, Audrey aceptó concurrir a la ceremonia a presentar el premio al Mejor Actor, que todos apostaban iría a manos de su compañero de filmación, Rex Harrison. Las dos predicciones se cumplieron. En su discurso de aceptación, Andrews muy irónicamente le agradeció a Jack Warner por no haberle dado el papel de My Fair Lady, lo que le permitió filmar no sólo Mary Poppins sino The Sound of Music (La novicia rebelde, 1965). Y el pobre Rex Harrison, desgarrado en su lealtad, como buen caballero inglés salió más que airoso cuando, muy emocionado, después de haber recibido el premio de manos de Audrey, dijo: “Creo que este premio le pertenece a... bueno... a mis dos bellas damas”. Audrey sonrió. Julie sonrió. Y todo quedó perdonado.

1966: Elizabeth Taylor se vio reivindicada al recibir un Oscar® absolutamente merecido por Who’s Afraid of Virginia Wolf? (¿Quién le teme a Virginia Woolf?), si bien no asistió a la ceremonia. Lamentablemente tuvo que soportar la injusta derrota de su marido Richard Burton como Mejor Actor. Dicho sea de paso, ese año Liz le ganó a las hermanas Vanessa y Lynn Redgrave, que si bien a lo largo de la vida han tenido sus entredichos, el Oscar® no fue uno de ellos. Concurrieron a la ceremonia juntas y muy felices.

1968: Katharine Hepburn había ganado un Oscar® “sentimental” el año anterior por Guess Who’s Coming to Dinner (¿Sabes quién viene a cenar?, 1967) y era nuevamente candidata por The Lion in Winter (El león en invierno), una actuación mucho más merecedora. Ingrid Bergman estaba a cargo de presentar el premio. Empezó a decir “Y la ganadora es...”, vio la papeleta y anunció incrédula: “¡Es un empate! Las ganadoras son Katharine Hepburn y Barbra Streisand”. Este empate no era como el de Fredric March y Wallace Beery de 35 años antes. Las dos actrices debieron recibir la misma cantidad exacta de votos. Barbra Streisand, que había tomado a Hollywood por asalto con Funny Girl (Funny Girl), subió a recibir su premio vestida en una especie de pijama transparente que escandalizó a muchos.

1970: George C. Scott, que en 1959 había rechazado una nominación por Mejor Actor de Reparto, dio una interpretación magistral en Patton (Patton). Consultado sobre cuál sería su actitud si lo nominaban, se mantuvo callado, muy convenientemente, hasta que el plazo de entrega de los votos había transcurrido y los mismos ya estaban siendo contados. Recién ahí dijo que rechazaría la nominación, porque consideraba que las ceremonias del Oscar® eran un “desfile de carne” y la competencia entre colegas era insana. La nominación le llegó igual, y la Academia se negó a retirársela. Cuando Goldie Hawn abrió el sobre para revelar el ganador de la categoría Mejor Actor exclamó: “¡Ay Dios mío! Es George C. Scott!”.

1971: La nominada favorita para recibir el premio a la Mejor Actriz era Jane Fonda, por Klute (Mi pasado me condena). Pero había un pequeño problema. Sus ideas políticas eran bastante polémicas y se temía que aprovechase su victoria para lanzarse a un discurso fuera de lugar. Su padre, Henry Fonda, intercedió ante ella, y al recibir el premio Jane dijo: “Habría muchas cosas para decir, pero no las voy a decir esta noche. Me limitaré a agradecerle a los miembros de la Academia”. Un momento altamente emotivo durante la ceremonia fue la entrega de un Premio Honorario a Charles Chaplin, quien volvió a los Estados Unidos (de donde fue invitado a exiliarse por sus ideas políticas) especialmente para recibirlo. Recibió una ovación y tanto se emocionó que, con casi 83 años, intentó hacer un pequeño malabar con el bastón y el sombrero, y se le cayeron al piso. Pero lo importante, el reconocimiento de todo Hollywood rodeándolo, nadie se lo pudo quitar.

1972: Marlon Brando estaba nominado por su Don Corleone de The Godfather (El padrino). Brando, que antes había aceptado nominaciones y un premio anterior, estaba indignado por el tratamiento que Hollywood le había dado a los indios en el cine. Cuando Roger Moore y Liv Ullmann anunciaron su victoria, subió al escenario una mujer india, diciendo llamarse Sacheen Littlefeather, y ni siquiera tomó la estatuilla en sus manos. Leyó una carta en la que Brando fundamentaba su rechazo del premio. Esto le ganó la ira de todo Hollywood, por despreciar a la industria que le daba de comer. Tanto más cuando se descubrió que la supuesta muchacha india no era tal, sino una aspirante a actriz, Maria Cruz, que en algún momento había ganado el concurso “Miss Vampiro USA”.

1973: Cuando David Niven se preparaba a presentar a Elizabeth Taylor sucedió lo que algunos ya habían imaginado.

Era la época de los “streakers”, personas que vaya uno a saber por qué motivos se cruzaban desnudos frente a las cámaras de eventos de cualquier tipo. A mitad de la presentación, a David Niven le llamó la atención algo a sus espaldas y allí estaba: un hombre pasó corriendo desnudo, a la vista de los cientos de millones de espectadores.

El público estalló en risas y exclamaciones de asombro. Con un ingenio envidiable, el actor británico se rascó la oreja, puso cara de circunstancia y dijo: “Damas y caballeros, esto tenía que suceder. Pensar que probablemente la única vez que este hombre vaya a provocar risa en su vida sea por haberse sacado la ropa y mostrado... sus falencias”.

1974: Una consternada Ingrid Bergman subió a recibir su premio a la Mejor Actriz de Reparto por Murder on the Orient Express (Crimen en el Expreso de Oriente). La favorita para ganar era su amiga Valentina Cortese, por interpretar a una actriz despistada en La nuit américanie (La noche americana). En uno de los mayores gestos de generosidad imaginables, Ingrid dijo: “Es siempre lindo ganar un Oscar® . Pero Valentina Cortese dio la actuación tan hermosa que todas las actrices nos reconocimos en ella. Acá estoy, su rival, y no me gusta para nada. ¿Dónde estás?”. La cámara enfocó a Cortese que le tiraba besos, e Ingrid concluyó: “Por favor, te pido disculpas, Valentina. No fue mi intención”.

1975: La ganadora del premio a la Mejor Actriz, Louise Fletcher por One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapado sin salida) derritió los corazones de los espectadores al agradecerles a sus padres, y al mismo tiempo que pronunciaba su discurso lo gesticulaba en el lenguaje para sordos, ya que sus padres son hipoacúsicos.

1977: En este año Jane Fonda y Vanessa Redgrave protagonizaron Julia (Julia). Contrariamente a la mesura que aplicó Fonda durante su aceptación en 1971, Redgrave aprovechó el podio para largarse a una tirada en contra de los “atorrantes militantes sionistas” que manifestaban en su contra fuera del teatro. El público la abucheó abiertamente.

1978: Uno de los momentos más emotivos de la historia del Oscar®  y que nos permitió apreciar el genio de quien quizás sea el mejor actor de todos los tiempos fue el Premio Honorario a Laurence Olivier. Conmovido, el actor pronunció un discurso magistral, haciendo gala de una oratoria y dominio del idioma envidiables. A mitad del discurso, la cámara enfocó la reacción de Jon Voight, que se tomaba la cabeza como quien no cree lo que está oyendo. En la misma ceremonia se vivió una de las experiencias más tristes en los anales del Oscar®. El año anterior, durante la ceremonia correspondiente a 1977, Bob Hope había enviado un mensaje a John Wayne, que estaba hospitalizado luchando contra el cáncer. Le comentaba que esperaba que al año siguiente se diese una vuelta por los Oscar®. Pocos días antes de los Oscar® 1978, Wayne confirmó que la salud le permitiría asistir. Después de pasar el “clip” del comentario de Hope, el maestro de ceremonias Johnny Carson dijo: “Damas y caballeros, el Sr. John Wayne”. La ovación de pie que recibió a continuación es una de las más largas de que se tenga memoria. “El Duque” dijo: “Gracias. Éste es el mejor remedio que se puede pedir. Me alegra haber podido darme una vuelta por acá esta noche. Al fin y al cabo tenemos algo en común con el Oscar®. Los dos llegamos a Hollywood en 1929, los dos estamos un poco maltrechos, pero aquí seguimos y aquí planeamos estar por mucho tiempo”. Una vez que realizó su tarea (presentar la Mejor Película), para evitar que Wayne tuviese que salir de escena, Carson lo invitó a quedarse, ya que algunos amigos lo querían saludar. La ceremonia terminó con el escenario invadido por los ganadores y presentadores, todos saludando, felicitando y deseándole lo mejor a esta leyenda de Hollywood. John Wayne falleció menos de tres meses después.

1981: En la ceremonia correspondiente a 1977, Barbara Stanwyck y su querido amigo William Holden presentaron juntos el premio al Mejor Sonido. En esa oportunidad, Holden dijo: “Hace exactamente 39 años Barbara y yo estábamos trabajando juntos en Golden Boy (El conflicto de dos almas). No me estaba yendo nada bien y me pensaban reemplazar. Pero debido a este hermoso ser humano que está a mi lado y a su interés, comprensión, estímulo e integridad profesional, estoy aquí esta noche”. Barbara se emocionó hasta las lágrimas y ambos se abrazaron. En 1981 Stanwyck recibió un Premio Honorario (había sido nominada cuatro veces y nunca había ganado). William Holden había fallecido meses antes. Al cerrar su discurso de aceptación, Barbara dijo: “Hace unos años estuve en este mismo escenario con William Holden. Yo lo quería entrañablemente y lo extraño. Siempre quiso que me diesen un Oscar®”. Levantó la estatuilla con los ojos llenos de lágrimas y concluyó: “Así que esta noche, mi muchacho dorado, se ha cumplido tu deseo”.

1984: Sally Field ganó este año su segundo Oscar®. El primero había sido en 1979 por Norma Rae, y esta vez por Places in the Heart (En un lugar del corazón). En un efusivo discurso de aceptación que no le han alcanzado los años para lamentar, Sally expresó: “Este premio es tanto más importante para mí que el primero. La primera vez no sentí lo que siento ahora. No puedo negar el hecho de que ¡me quieren!, ¡me quieren!”. (“You like me! You like me”). Muchos años después sus palabras seguían siendo reproducidas como broma por ganadores de los premios más disímiles.

1985: El premio a la Mejor Película Extranjera fue anunciado por Norma Aleandro y Jack Valenti. Valenti le mostró el nombre del ganador a Norma para que lo dijera y ella, llevándose la mano a la cara, dijo: “Dios los bendiga, La historia oficial”. Después se abrazó emocionada al director Luis Puenzo. Fue la única victoria del cine de América Latina en la categoría Mejor Película en Idioma Extranjero.

1986: Por una cuestión de cábala, el ganador al Mejor Actor, Paul Newman, no asistió a la ceremonia. Las seis veces anteriores lo había hecho y había perdido. Extrañamente, la Academia lo debía considerar un caso perdido, porque el año anterior le había conferido un Premio Honorario a su trayectoria. Lo mismo había pasado con Henry Fonda en 1980 y 1981. En 1980 le dieron el Oscar® Especial, y al año siguiente lo ganó en competencia por On Golden Pond (En la laguna dorada). Dicho sea de paso, en la segunda oportunidad ya estaba muy enfermo para asistir a la ceremonia, y una Jane Fonda muy cambiada lo aceptó en su nombre, muy conmovida.

1991: El ganador al Mejor Actor de Reparto, Jack Palance por City Slickers (Amigos, siempre amigos) dio la nota de humor. Para promocionarse como un actor dinámico a pesar de sus años, Palance interrumpió su discurso e hizo unas cuantas flexiones en el piso, con un solo brazo. El maestro de ceremonias, Billy Crystal, usó este episodio como muletilla el resto de la velada.

1992: La Academia otorgó este año su Premio Humanitario Jean Hersholt a dos actrices hermosas y famosas por sus obras de caridad: Elizabeth Taylor y Audrey Hepburn. El momento fue particularmente emotivo, porque para cuando se realizó la ceremonia Hepburn había fallecido de cáncer. Otro Premio Honorario fue a manos de Federico Fellini. Se lo presentaron sus intérpretes favoritos, Sophia Loren y Marcello Mastroianni. La esposa de Fellini, la actriz Giulietta Massina, lagrimeaba en su asiento. En un momento Fellini le dijo: “Por favor, Giulietta. ¡Basta de llorar!” No muchos años después, ambos murieron con poco tiempo de diferencia.

1993: Dos momentos fueron muy cargados de emoción. Steven Spielberg recibió su primer Oscar® después de muchos años de ser ignorado. Además, el premio lo recibió por Schindler’s List (La lista de Schindler), una película de por sí desgarradora. Y Tom Hanks ganó su primer Oscar® al Mejor Actor por Philadelphia (Filadelfia). En su discurso de aceptación rindió homenaje a la comunidad gay y dedicó el premio a uno de sus maestros de escuela, que era homosexual (esta anécdota fue la base argumental de la entretenida comedia In & Out / ¿Es o no es?).

1995: El público conmovido se levantó a brindarle una ovación al accidentado Christopher Reeve, cuya participación no había sido anunciada.

1996: El ganador del Oscar® al Mejor Actor, Cuba Gooding, Jr., de Jerry Maguire, demostró en el escenario igual energía que usó en el film para popularizar la frase “Show me the money!” (“¡Muéstrame el dinero!”). Empezó su discurso bien, pero el entusiasmo lo fue ganando y terminó a los saltos y gritos, agradeciéndole a Dios, a Tom Cruise y a todo los presentes.

1997: El discurso de aceptación de James Cameron por su triunfo en Titanic no fue muy bien recibido por el público ni la crítica. Al menos no lo consideraron muy modesto. Robándole una línea de diálogo al protagonista Leonardo DiCaprio, levantó su estatuilla y exclamó: “¡Soy el rey del mundo!”

1998: La nota de emoción y humor la brindaron Roberto Benigni y Sophia Loren. Ella por su emoción al anunciar su premio a la Mejor Película en Idioma Extranjero por La Vita è Bella (La vida es bella) , y él al abrirse camino al podio subiéndose sobre los respaldos de las butacas, y deleitando al público con su inglés elemental en el que aseguraba querer zambullirse en el mar de generosidad de la platea y besar y abrazar a cada asistente. Un momento favorito de este cronista es la conmovedora interpretación que Céline Dion y Andrea Bocelli hicieron de la canción nominada “La Plegaria”. Al concluir, las cámaras mostraron la emoción de Tom Hanks y Meryl Streep por la absoluta perfección de los artistas.

 

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


Sitio dedicado a la memoria de Aníbal Miguel Vinelli

© 1999–2017 Marcos Celesia y Fabián Cepeda
® Todos los derechos reservados. Registro de la Propiedad Intelectual.
Todos los derechos de propiedad intelectual de las fotos y los carteles que aparecen en este sitio son propiedad de las Productoras y/o Distribuidoras correspondientes. Dicho material ha sido tomado de fuentes de la Internet de libre accesibilidad o de textos publicados. Este sitio no pretende violar en forma alguna los derechos respectivos de los titulares de los Derechos de Autor.
Copyright to all photographs and posters which appear in this site belong by the corresponding Production and/or Distribution Companies. The same are collected from publicly aired and published sources. This site is in no way trying to infringe on the respective rights of their copyright holders.

Oscar® y Academy Awards® y la propiedad intelectual del diseño del Oscar® son marca registrada y marca identificatoria de servicios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas; y la estatuilla del Oscar® es propiedad registrada de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Este Sitio no es avalado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, ni se encuentra en forma alguna relacionado con la misma.
Oscar® and Academy Awards® and Oscar® design mark are the trademarks and service marks and the Oscar© statuette the copyrighted property, of the Academy of Motion Picture Arts and Sciences. This site is neither endorsed by nor affiliated with the Academy of Motion Picture Arts and Sciences.