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Gary Cooper

Por Marcos Celesia

Gary Cooper fue uno de los fenomenales actores que Hollywood nos ha dejado: Al igual que sus contemporáneos James Stewart y Henry Fonda, Cooper – que no tenía ninguna formación actoral – fue uno de esos intérpretes sin grandilocuencias ni estridencias. Una mirada, un gesto, un encogerse de hombros o una sonrisa a medias podían expresar un cúmulo de sentimientos arrollador. Fue un natural en esencia. Encarnó al hombre de todos los días, el que podía lograr que el público se identificase con él porque no había artificio alguno ni en su persona ni en su actuación. El gran Charles Laughton dijo: “Nosotros tratamos. Él es”. A lo largo de los 35 años de estrellato que acompañaron su carrera, Cooper se especializó en personajes bonachones, enfrentados a un mundo hostil, que no llegan a entender, reñido con sus valores casi inocentes de simpleza y honestidad. Esos preceptos irrenunciables le valieron el seguimiento fiel de un público perceptivo. Hay una escena en Mr. Deeds Goes to Town (El secreto de vivir, 1936), que ya comentaremos más adelante, en la que todo lo que hemos mencionado de su “técnica” queda demostrado magistralmente.

Gary Cooper nació como Frank Cooper el 7 de mayo de 1901, en Montana, y falleció el 14 de mayo de 1961, una semana después de cumplir los 60 años. Es decir que en estos días se han cumplido cien años de su nacimiento y cuarenta de su muerte. La personalidad de Gary Cooper sin lugar a dudas se forjó en su compleja infancia. Fue unos de los hijos mayores de inmigrantes británicos. El padre fue un abogado y juez de renombre que llegó a formar parte de la Corte Suprema del Estado, y la madre fue la típica dama inglesa que no se resignaba a que sus hijos creciesen sin una adecuada educación inglesa, como meros campesinos. Llevó a sus dos hijos mayores a la Inglaterra natal y los enroló en una escuela privada, donde fueron considerados extraños e ignorados por sus compañeros. Para cuando llegó la aceptación, la Primera Guerra Mundial se encargó de que los Cooper retornasen apresuradamente a los Estados Unidos, donde debieron abandonar los aristocráticos modales adquiridos para no ser objeto de burlas entre sus reencontrados compañeros.

Antes de empezar los estudios universitarios agrícolas tuvo un accidente automovilístico que le afectó la cadera. Su aspiración era ser caricaturista político y asistir a la Escuela de Arte de Chicago. Sus padres se habían establecido en San Francisco, y hacia allí partió el joven Cooper, con la esperanza de juntar el dinero para viajar a Chicago. Pero la necesidad primó sobre sus aspiraciones. En Montana había aprendido a montar a caballo muy bien, y sus amigos lo presentaron a una agencia que contrataba dobles para el cine. Así empezó una carrera en esta disciplina, en innumerables westerns.

Finalmente llamó la atención de la representante Nan Collins, quien lo rebautizó Gary Cooper e intentó conseguirle una carrera más acorde a su promesa. La oportunidad llegó con The Winning of Barbara Worth (Alma del desierto, 1926). Esta producción de Goldwyn llamó la atención de la Paramount, que lo puso bajo contrato con la promesa de protagonizar los westerns del afamado escritor Zane Grey. Pero Cooper era demasiado talentoso como para convertirse en una mera estrella de las películas de Oeste. Dos roles acompañando a la exitosa Clara Bow, una breve participación en It (Ese... no sé qué, 1927) y el coprotagónico de Children of Divorce (Los hijos del divorcio, 1927), más los rumores de un romance con la estrella y un papel en Wings (Alas, 1928), dirigida por William A. Wellman y el primer film en ganar el Oscar® a la Mejor Película, todo contribuyó al afianzamiento de Gary Cooper como estrella potencial.

Wellman lo requirió nuevamente para la primera de las cuatro películas que protagonizaría con Fay Wray, en The Legion of the Condemned (La legión de los condenados, 1928). A pesar del escaso presupuesto y el uso de tomas aéreas descartadas de Wings,  el film fue un éxito. El ascenso de Cooper en los años subsiguientes estuvo marcado por hitos como Lilac Time (El amor nunca muere, 1928), con Colleen Moore, The Virginian (El virginiano, 1929), con Walter Huston, y Morocco (Marruecos, 1930), junto a Marlene Dietrich.

Un éxito aún mayor lo esperaba en A Farewell to Arms (Adiós a las armas, 1933), en que junto a Helen Hayes y bajo la dirección del eficiente Frank Borzage, dieron vida a la novela de Ernest Hemingway. El autor enfureció cuando se enteró de que se habían filmado dos finales, uno en que el personaje de Helen Hayes sobrevivía y el otro en el que perecía. El estudio escogió el final feliz, para horror de Hemingway y sus seguidores. Sin embargo, cuando la película fue re-estrenada en 1948, se utilizó el otro final. Dos años después, Henry Hathaway le dio la oportunidad de lucirse en un film de aventuras que no era un mero western de relleno: The Lives of a Bengal Lancer (Tres lanceros de Bengala, 1935), en que Cooper logró su mayor suceso hasta esa época. Este film, que fue nominado al Oscar® como Mejor Película, fue seguido por un período con marcados aciertos artísticos en la carrera de Gary Cooper.

Mr. Deeds Goes to Town (El secreto de vivir, 1936) fue su primera colaboración con Frank Capra, cineasta único si los hay. Tal es la visión de Capra de un país poblado por la fantasía de su imaginario de ideales que el idioma inglés adoptó la palabra “capraesque” para referirse a las cosas que tienen ese toque similar al que el director le imprimía a sus producciones. Cooper es Longfellow Deeds, un campesino inocente que hereda 20 millones de dólares y se va a la gran ciudad, donde se convierte en el hazmerreír de la nación.

Sobrevolado por cuervos avarientos y oportunistas, no se da cuenta de que la joven que se le acerca y parece compartir sus ideales (Jean Arthur) no es otra que la reportera que está escribiendo los artículos sobre su persona. La escena en que Cooper finalmente se da cuenta de lo que Arthur oculta es una lección magistral del arte de la actuación. Sin decir palabra, el rostro increíblemente expresivo del actor, que atraviesa una seguidilla de expresiones, le debería haber valido el Oscar®.

La película fue nominada y Capra ganó su segundo premio, pero Gary Cooper, nominado por primera vez, perdió ante Paul Muni, por The Story of Louis Pasteur (La gran tragedia de Luis Pasteur, 1936) . En 1936 también se había destacado en otro éxito reconocido por la Academia: The General Died at Dawn (El general murió al amanecer).

Los proyectos que la Paramount le ofreció a continuación de su experiencia decisiva con Capra no fueron de su entera satisfacción, así que aprovechó un descuido del estudio, que no renovó su contrato en la fecha prevista, para considerarse liberado y firmar con Goldwyn. El caso llegó a los tribunales y debió trabajar para los dos estudios durante un tiempo. No obstante, dos estudios juntos no resultaron mejor que uno, y el período de su carrera hasta fines de la década contó con un único acierto: Beau Geste (Beau Geste, 1939).

En 1940, sus deseos por trabajar bajo las órdenes de William Wyler hicieron que aceptara trabajar en The Westerner (El caballero del desierto, 1940), un film que estaba al servicio del personaje jugado por Walter Brennan, que ganó su tercer Oscar® al Mejor Actor de Reparto en 5 años (había sido galardonado en 1936 y 1938). Tal gesto de humildad fue premiado por un período dorado de su carrera. Entre 1941 y 1943 trabajó en 5 películas excelentes, y recibió 3 nominaciones consecutivas al Oscar® al Mejor Actor. En 1941 protagonizó 3 films; dos de ellos junto a Barbara Stanwyck.

El primero lo reunió con Frank Capra. Meet John Doe (Y la cabalgata pasa, 1941) es la historia de una periodista manipuladora y despechada (esta vez la Stanwyck) que inventa la historia de un desconocido, el John Doe o Juan Pérez del título, un hombre tan asqueado de la pobreza y la falta de valores que amenaza con saltar de un edificio en la víspera de Año Nuevo.

El personaje de Gary Cooper es el de un jugador de baseball que es contratado para interpretar a este personaje inventado. Este rol fue exigido para Cooper, pero más deslumbrante aún fue la forma en que lo resolvió.

Los sentimientos cambiantes de este buscavidas, a medida de que va tomando conciencia de la magnitud de lo que representa, se van plasmados una vez más por ese rostro inigualado de Gary Cooper.

Ball of Fire (Bola de fuego, 1941), de Howard Hawks, que le valió a Stanwyck una nominación al Oscar®, es un encantador “refrito” del cuento “Blanca Nieves y los siete enanitos”, en que una cantante de cabaret se refugia en al casa de 7 científicos “locos”. Cooper es el más joven de ellos. El tercer esfuerzo de Cooper en este año triunfal fue Sergeant York (El sargento York, 1941). También bajo la dirección de Hawks, York narra la vida del héroe de la Primera Guerra Mundial que, a pesar de oponerse a la guerra por sus convicciones religiosas, logró con un único rifle, y con solo 25 disparos, despachar a 35 cañoneros alemanes y tomar 132 prisioneros. Hollywood sólo logró convencerlo de vender los derechos de su historia cuando llegó la Segunda Guerra Mundial y sus experiencias podrían servir de inspiración a los nuevos combatientes. Una vez más Cooper logró maravillas con el rol de un hombre que debe superar dolorosas transformaciones. Esta vez el Oscar® le sonrió. En el momento de las nominaciones tuvo la suerte de no haberse dividido los votos, especialmente con Meet John Doe.

En 1942, en The Pride of the Yankees (Sus dos pasiones), de Sam Wood, volvió a encarnar a un personaje de la vida real: el jugador de baseball Lou Gehrig, que falleció a los 38 años luego de una exitosa carrera y de compartir con el público su lucha contra la esclerosis amiotrófica lateral. (Incluso esta enfermedad se conoce como la Enfermedad de Lou Gehrig). La escena del vestuario, en que trata de anudar sus zapatos y cae el piso es desgarradora. Y su despedida del juego ante miles de seguidores se ha convertido en una de las escenas más recordadas del cine. Sus conmovedoras palabras son: “Hoy me siento el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra”. La película fue un éxito de taquilla (poco común para una película sobre este deporte) y le valió a Gary Cooper su tercera nominación para el Oscar®. El ganador fue James Cagney por Yankee Doodle Dandy (Triunfo supremo).

Gary Cooper era amigo personal de Ernest Hemingway, quien lo eligió para protagonizar For Whom the Bell Tolls (Por quien doblan las campanas, 1943). Dirigido nuevamente por Sam Wood, y compartiendo cartel con Ingrid Bergman (que reemplazó a Vera Zorina), el film no es muy fiel al material original. Los actores secundarios, que debían interpretar a españoles, eran un verdadero crisol de razas europeas, para nada convincente. No obstante, Katina Paxinou se llevó el Oscar® a la Mejor Actriz de Reparto por su actuación. Cooper recibió la cuarta nominación, pero el premio fue a manos de Paul Lukas en Watch On the Rhine (Alerta en el Rhin). Ingrid Bergman también fue candidata pero perdió ante su gran amiga Jennifer Jones, que estelarizó The Song of Bernadette (Bernadette). Es extraña esta derrota, porque la presencia de Bergman ese año se vio reforzada espectacularmente por su actuación en Casablanca (Casablanca).

Intérpretes y director volvieron ante las cámaras para Saratoga Trunk (La exótica, 1943 pero estrenada en 1945). Siguieron años de declive en la carrera de Cooper, agravados por la decisión poco acertada de producir algunas de sus películas, ya que le faltaba el carácter necesario para controlar a todo un equipo de filmación. De este período debemos destacar The Fountainhead (Uno contra todos, 1949), un estridente y confuso film dirigido por King Vidor y actuado también por Patricia Neal. Cooper y Neal se enamoraron perdidamente. Si bien Cooper estaba separado de su esposa, Rocky, madre de su hija Maria, ella era muy católica y se negaba rotundamente a considerar el divorcio. Ante la publicidad adversa, los desafortunados amantes vivieron un infierno que los afectó a nivel personal y laboral. El estudio temía al puritanismo de la época y que el público rechazara a Cooper, con lo cual lo relegó en una seguidilla de films intrascendentes. En 1950 la pareja protagonizó Bright Leaf (Semillas de venganza), pero hacia fin de ese año, los desesperanzados amantes decidieron cortar la relación.

En cierta forma, la siguiente interpretación de Cooper se vio “favorecida” por las dramáticas circunstancias del actor. El Gary Cooper de High Noon (A la hora señalada, 1952) no es el mismo. El proyecto comenzó como uno más, pero una vez terminado sorprendió incluso al director Fred Zinnemann. Se trata de la historia de un sheriff, recién casado con Grace Kelly, que sabe que en el tren del mediodía del día siguiente llegarán cuatro asesinos para cobrarse su vida. El protagonista debe enfrentar la dura realidad de ver que sus amigos, colaboradores e incluso su flamante esposa no están ahí para apoyarlo en ese momento tan crucial. Cooper recuperó su estatura de ídolo y recibió su segundo premio Oscar® (y última nominación). El film y Zinnemann también fueron nominados.

Lamentablemente, Cooper no pudo o no supo capitalizar este éxito, y apesadumbrado por su infelicidad, el correr de los años y los primeros indicios de una salud frágil, su producción del resto de la década fue muy despareja y, salvo alguna honrosa excepción, carente de verdaderos éxitos. Cooper ya no parecía preocuparse por preservar la imagen que tantos años había llevado crear. Y se aventuró a películas con roles atípicos. Vale la pena mencionar Vera Cruz (Veracruz, 1954), junto a Burt Lancaster, y la maravillosa Friendly Persuasión (La gran tentación, 1956), de William Wyler, con Dorothy McGuire y Anthony Perkins.

Con su salud cada vez más minada por el cáncer incipiente, un Cooper agotado participó en They Came to Cordura (Héroes de barro, 1959). Al poco de concluida, fue sometido a una operación de próstata, ya invadida por la enfermedad. Lejos de retirarse, Cooper se lanzó a The Wreck of the Mary Deare (Barco sin puerto, 1959), con Charlton Heston y sufrió por no poder viajar a Australia a filmar The Sundowners (Tres vidas errantes, 1960), para Fred Zinnemann. Las compañías de seguro se negaban a cubrirlo, y debió ser reemplazado por Robert Mitchum. En vez, viajó a Londres y filmó su despedida del cine, un film con reminiscencias de Hitchcock: The Naked Edge (Sombras de sospecha, 1961), junto a Deborah Kerr. El film fue estrenado después de su muerte.

El 20 de abril de 1961, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood lo honró con un Oscar® Honorario por “sus muchas actuaciones memorables y por el reconocimiento internacional que la industria cinematográfica ha logrado gracias a su persona”. El premio fue recibido por su querido amigo James Stewart. La emoción superó a Stewart, y ante millones de televidentes, dijo entre lágrimas “Estamos todos muy orgullosos de ti, Coop, muy orgullosos”. El público pudo confirmar lo inevitable: menos de un mes después Gary Cooper pasó a la inmortalidad. Pero en ese momento de supremo reconocimiento de sus pares, de haber estado presente, sin lugar a dudas habría citado a uno de sus personajes favoritos, diciendo: “Hoy me siento el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra”.

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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