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An American in Paris
(Sinfonía de París, 1951)

Por Fabián Cepeda

Introducción: An American in Paris (Sinfonía de París, 1951) es, sin duda, uno de los mejores y más celebrados musicales de la historia del cine.No hay nadie que pueda ignorar, aunque no le gusten los musicales, el auténtico valor artístico de esta película del género; hasta el gobierno de Francia, conocido por su duro criticismo para con aquellas películas que osaran tocar el tema de su amada Ciudad Luz, convinieron que la costosa producción estaba excelentemente emplazada hasta el más mínimo detalle. Y aunque las tomas filmadas realmente en París eran muy pocas (las del comienzo), la ambientación lograda en los estudios de la Metro-Goldwyn-Mayer en California fue tan impactante que hasta el más ávido conocedor de la ciudad europea quedaría sorprendido. El vecindario parisino fue reproducido meticulosamente y ultimando cuidados, supervisado enteramente por Gene Kelly.

Durante toda la película se glorifica la alegría de vivir gloriosamente en esa ciudad, más aún después de los desastres ocasioandos por la Segunda Guerra Mundial. Su carácter optimista la ubican en una de las cintas más taquilleras del Hollywood de posguerra, teniendo a París como su centro.

La película es, realmente, un regalo para los oídos y los ojos, ya que todo su entorno está maravillosamente bien cuidado y cada movimiento llevado casi a la perfección. Los personajes no cantan ni bailan para vivir, sino que parecería que lo hacen como algo natural, como si fuera ésa su forma de vida.

Aunque la historia en sí es simple y todo indicaría que se trata de una película más de las que en los años ’50 abundaban en Hollywood (como sucedía con la mayoría de los musicales), el argumento y la puesta en escena funcionaron maravillosamente juntos, brindando resultados más que convincentes.

Argumento: Kelly, que personalmente se encargó de la coreografía, protagoniza en An American in Paris al yanqui Jerry Mulligan, quien decide instalarse en París con el objeto de estudiar pintura. Aunque no lograr triunfar ni destacarse en lo suyo, puede decirse que vive feliz en el pequeño desván de un viejo edificio en Montmartre. Comparte sus días junto a dos amigos, totalmente diferentes el uno del otro, y que inciden directamente en sus opiniones: Adam Cook (Oscar Levant), un pianista de café malhumorado y sarcástico que no hace otra cosa que tirarle a Kelly “mala onda”, y Henri Baurel (Georges Guétary), un talentoso cantante revisteril que en cambio está siempre brindando optimismo a sus amigos. Los tres amigos tratan de diferentes maneras de salir adelante, y también de hallar en la romántica París el amor de sus vidas.

Baurel informa a sus amigos que ha conocido a una jovencísima bailarina que logró rescatar de los nazis durante la guerra, Lise Bouvier (Leslie Caron), a quien ama profundamente y con quien planea casarse ni bien pueda. Por su parte, Jerry comparte con ellos la novedad que, gracias a una exposición de sus pinturas, ha conocido a una adinerada viuda, Milo Roberts (Nina Foch), con la que aparentemente ha congraciado y que le ha comprado buena parte de sus obras, haciendo que sus ricas amistades procedan de igual manera. La mujer ha quedado prendada del joven pintor y planea abrirle un montón de puertas para que alcance el éxito. Jerry, inocentemente encandilado por su supuesta “suerte”, disfruta al máximo del radical cambio que su vida ha tenido.

Durante una noche de festejo, visita un club nocturno, donde conoce a una bella bailarina de la que se enamora...y que no es otra que Lise. Ésta, en un principio, le aclara que está comprometida con un hombre y que no aceptará de ningún modo verse con él, pero más adelante cede a su corazón a decide darle al recién conocido la oportunidad de una nueva cita. El pintor no cabe en su alegría, y cree que el destino que le toca vivir no puede ser mejor.

Y es en el segundo encuentro cuando la bailarina le confiesa a Jerry que el hombre con el que está comprometida es Baurel, su amigo. Aunque ya para ese entonces ambos han comprendido que se aman, los dos se ponen de acuerdo en no volver a verse, sacrificando así su propia felicidad a favor de la de un tercero, a quien respetan profundamente.

Pero Jerry debe pagar un precio aún más amargo, ya que al rechazar firmemente la posibilidad de ser un “mantenido” de la adinerada Roberts, no sólo la pierde para siempre, sino que prácticamente cierra su acceso a una vida cómoda y a una serie de contactos más que convenientes para su carrera. Debido a toda esta situación, Jerry se siente descorazonado, y no encuentra una salida para su desdichada vida.

Pero Baurel, que se ha puesto al tanto de todo lo que sucede, realiza un gesto más que noble para con su amada y su fiel amigo: dándose cuenta que Lise ama a Jerry y que es correspondida, renuncia a ella, posibilitándole a la pareja la chance de ser felices juntos.

Repercusión:  Considerada un clásico entre clásicos, An American in Paris contó con la música del afamado George Gershwin, que brindó a la película una frescura y un encanto raramente vistos en el género. Fue esta película la que identificó a la MGM con los musicales de allí en más. Todas las canciones y los números de baile se complementan a la perfección con el argumento.

Uno de los números musicales más logrados e inolvidables tiene a Gene Kelly como protagonista, bailando con un grupo de chicos en las calles de París, intercalando sus famosos saltos acrobáticos y zapateos. Otra puesta en escena realmente deliciosa la comparten Kelly y Georges Guétary, donde ambos entonan canciones de amor para una mujer, sin darse cuenta de que se trata de la misma persona.

Sin embargo, la verdadera “vedette” de la película es un ambicioso, colorido e imaginativo número de baile de 17 minutos de duración ininterrumpidos, donde se reconstruyó magníficamente el Palacio de la Concordia, con un estilo francés realmente logrado, y cuya puesta en escena costó al estudio casi medio millón de dólares. Pero sin duda la inversión no tiene desperdicio, ya que la magia alcanzada por el momento y la ambientación es total.

Puede decirse que prácticamente todo en el film es soberbio, desde la cuidada dirección de Vincent Minnelli hasta la adecuada aplicación en espacio y tiempo de cada una de las 22 canciones de Gershwin utilizadas en el rodaje. Los números musicales de Kelly son, en verdad, espectaculares, y ponen en clara evidencia su genio como coreógrafo, y su gracia y distinción como bailarín y artista.

Los Oscar®: An American in Paris ganó justamente seis premios Oscar, recibiendo galardones como Mejor Película (productor: Arthur Freed), Mejor Argumento y Guión (Alan Jay Lerner), Mejor Fotografía en Color (Alfred Gilks y John Alton), Mejor Dirección Artística y Escenografía en Color (Cedric Gibbons y Preston Ames, y Edwin B. Willis y Keogh Gleason, respectivamente), Mejor Partitura de un Musical (John Green y Saul Chaplin) y Mejor Diseño de Vestuario en Color (Walter Plunkett, Irene Sharaff y Orry-Kelly). Aunque Minnelli fue también nominado como Mejor Director y Adrienne Fazan como responsable del rubro Mejor Edición, no ganaron el premio.

Ha sido poco habitual que la Academia le otorgue el Oscar® a la Mejor Película a un simple pasatiempo musical. Otra de las nominadas era del mismo estudio, la MGM, Quo Vadis. Pero sobre la base del verdadero mérito artístico de las nominadas, el premio debería haber sido para A Streetcar Named Desire (Un tranvía llamado deseo) o para A Place in the Sun (Ambiciones que matan). Es significativo que Minnelli no haya ganado como Mejor Director. En su lugar ganó George Stevens por A Place in the Sun. Ya había ganado el mismo premio del Sindicato de Directores (Director’s Guild). Quizás los dos films dramáticos se dividieron el voto y resultó ganadora An American in Paris, pero la más sorprendida de todos fue la misma MGM. En un gesto poco habitual en el ambiente cinematográfico, al día siguiente sacaron un aviso en el diario del espectáculo, Variety, en que el león de la Metro mira su Oscar® con increduilidad y dice: “Honestamente, yo estaba sentado al sol esperando un tranvía”. Hacía un juego de palabras con los dos títulos, ya que la traducción literal de A Place in the Sun es “Un lugar al sol”.

Pero sin duda el más galardonado fue Gene Kelly, verdadero artífice de la película en su totalidad. El actor fue distinguido con un Premio Especial de la Academia, en reconocimiento a su versatilidad como cantante, director y bailarín, y especialmente por sus brillantes logros en el arte de la coreografía del film. Además, también habría que otorgar a Kelly un merecido premio por su sagaz elección, ya que fue él quien eligió a Leslie Caron (de 19 años de edad) entre muchísimas bailarinas del Ballet de los Champs Elysees, y convirtió a esta maravillosa bailarina en una estrella de un día para el otro.

Revisada hoy, la película es usualmente azotada por pseudo-críticos especializados, acusándola de ser muy pretenciosa, sobreproducida y más aún, sobreactuada y mal dirigida. Una minoría cree que Kelly y Minnelli no lograron crear una armonía perfecta, ya que la avasalladora personalidad del bailarín sumada a su marcada faceta varonil contrastaban en más de un punto con el marcado refinamiento y meticulosidad del director Minnelli.

Pero la mayoría de los críticos y el público en general ven su temática y su espléndido (y simple) final como una maravillosa experiencia romántica, y muy satisfactoria. Si se observa la película desde lo frío del intelecto, An American in Paris puede resultar decepcionante. Pero si se la mira desde lo profundo del corazón, es seguro
que se la hallará encantadora.

Pero lo mejor es que cada uno ofrezca su propio verdicto: en la mayoría de los videoclubs generalmente puede conseguirse una copia. Así que, solamente hay que verla, y disfrutarla.

AN AMERICAN IN PARIS (Sinfonía de París, 1951)

Pr.: METRO-GOLDWYN-MAYER PICTURES; Estreno en los EUA: 28/8/51; Estreno en la Argentina: 05/05/53; Producida por Arthur Freed; Dirigida por Vincente Minnelli; Argumento: Alan Jay Lerner; Fotografía: Alfred Gilks y John Alton; Edición: AdrienneFazan; Dirección musical: Johnny Green y Saul Chaplin; Dirección de arte: Cerdic Gibbons y Preston Ames; Escenografía: Edwin P. Willis y Keogh Gleason; Efectos especiales: Warren Newcombe; Diseño de vestuarios: Walter Plunkett, Irene Sharaff y Orry-Kelly; Coreografía: Gene Kelly; en Technicolor; Duración: 113’.

Intérpretes: Gene Kelly, Leslie Caron, Oscar Levant, Georges Guétary, Nina Foch, Eugene Borden, Martha Bamattre, Mary Young, Ann Codee, George Davis, Hayden Rorke, Paul Maxey, Dick Wessel, Don Quinn, Adele Coray, Lucien Plauzoles, Christian Pasques, Anthony Mazzola, Jeanne Lafayette, Louise Laureau, Alfred Paix, Noel Neill, Nan Boardman, John Eldredge, Anna Q. Nilsson, Madge Blake, Art Dupuis, Greg McClure, André Charisse, Marie-Antoinette Andrews, Dorothy Tuttle.

 

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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