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Rebecca (Rebecca, una mujer inolvidable, 1941)

Por Rodolfo Otero

El pasado 22 de octubre Joan Fontaine cumplió 90. Nació en esa fecha, en 1917, en Tokyo, Japón. Qué mejor oportunidad para marcar este importante aniversario que repasar sus film consagratorio: Rebecca (Rebeca, una mujer inolvidable, 1941).

Sinopsis: Una joven inglesa, cuyo nombre nunca se revela al espectador, es contratada como dama de compañía por la Sra. Van Hopper, una millonaria norteamericana algo vulgar y bastante chismosa, para unas vacaciones en la Costa Azul. Allí conoce al aristocrático y misterioso Maxim De Winter, reciente viudo de una de las mujeres más espléndidas del jet-set inglés de la época (Rebecca, muerta en un trágico accidente; de hecho, el personaje titular de la película no aparece ni siquiera en flashbacks). Contra todos los pronósticos de su empleadora, la joven y Maxim se enamoran y se casan antes de regresar a Inglaterra. De Winter lleva a su nueva esposa a Manderley, la imponente mansión familiar. La protagonista es presentada al personal de la residencia, encabezado por la Sra. Danvers, la sibilina ama de llaves que fuera confidente de Rebecca. La segunda señora De Winter, convencida de que Maxim sigue enamorado de Rebecca, empieza a sentirse incómoda en su nuevo ambiente, situación agravada por la Sra. Danvers, quien a cada paso la compara desfavorablemente con su ex patrona. El ama de llaves profesa por Rebecca una adoración que sugiere una pasión lesbiana.

La visita de Beatrice, hermana de Maxim, y su marido el Mayor Lacy alivia un poco la situación de la protagonista, pero en las prolongadas ausencias del esposo, la Sra. Danvers sigue fomentando el sentimiento de inferioridad de la joven. En una oportunidad nuestra heroína tropieza con la presencia subrepticia de Jack Favell, que se autodescribe como "el primo favorito de Rebecca", y parece estar en connivencia con la Sra. Danvers. Procurando reflotar su relación con Maxim, la joven le propone convocar a una fiesta de disfraces; a instancia de la Sra. Danvers, se presenta usando un vestido de Rebecca, lo que provoca el violento rechazo de su esposo. La pobre muchacha se convence de que jamás podrá ocupar el lugar de Rebecca en el corazón de De Winter. El ama de llaves llega a insinuarle que la mejor solución sería el suicidio; pero siguiendo el consejo de Frank Crawley, amigo y colaborador de Maxim, la protagonista confronta a su marido acerca de Rebecca. Él le confiesa la verdad: Rebecca lo había traicionado reiteradamente con Jack Favell y otros amantes. Su muerte había sido producto de un empujón de Maxim después de una discusión en la que ella deliberadamente lo había provocado a la violencia con su sarcasmo y la insinuación de estar embarazada de Jack. Desesperado, Maxim había llevado el cadáver de Rebecca a un velero que había hundido a continuación, aprovechando una tormenta y a partir de la afición de su mujer por la náutica. Después de esta confesión la joven esposa le reitera a Maxim su amor incondicional, pero entonces el mar devuelve el velero a la costa y la subsiguiente investigación demuestra que la causa de la muerte de Rebecca no era la supuesta. Favell aprovecha para chantajear a Maxim, convencido de su culpabilidad. Pero una visita al doctor de Rebecca, que aparentemente le iba a practicar un aborto, termina con la revelación de que en realidad la difunta señora De Winter padecía un cáncer terminal, lo que finalmente desvía las sospechas sobre Maxim. Los De Winter vuelven a Manderley para encontrar la mansión en llamas. La Sra. Danvers, despechada, ha provocado el incendio y muere en él. Maxim y su joven esposa quedan en condiciones de empezar una nueva vida lejos del fantasma de Rebecca.

Cómo llegó a la pantalla: A fines de la década del 30 "Rebecca", la novela de Daphne Du Maurier, se convirtió en uno de los principales best-sellers a ambos lados del Atlántico, trascendiendo incluso a los países de habla inglesa para llegar a gozar de un formidable éxito internacional. Se imponía una adaptación cinematográfica. A instancias de su secretaria Kay Brown, que también le había recomendado Gone With the Wind (Lo que el viento se llevo, 1939), David O. Selznick obtuvo los derechos, que le darían la ocasión de iniciar una sociedad con el más aclamado y exitoso de los directores británicos del momento: Alfred Hitchcock.

Por muchas razones el proyecto era ideal para los dos: a Selznick, entonces comprometido con la megaproducción de Gone With the Wind, le permitía seguir adelante con una serie de versiones de novelas que él consideraba fuentes seguras de prestigio y éxito de público. Para Hitchcock, equivalía a hacer la transición a Hollywood con un tema inglés [de hecho, Hitchcock había filmado otra novela de Du Maurier, Jamaica Inn (La posada maldita, 1939), y había considerado la posibilidad de comprar los derechos de "Rebecca" antes de que Selznick los adquiriera] y un elenco británico, lo que le permitiría moverse en un terreno sólido y ya transitado. El rey del suspenso deseaba incorporarse al cine norteamericano, que le iba a dar un nivel de producción imposible de alcanzar en su país.

Desde luego, la colaboración entre dos personalidades tan fuertes como las del productor y el director, cada uno empeñado en dar su impronta al producto final, no iba a ser fácil ni exenta de problemas; pero a pesar del choque de egos el resultado final fue un filme memorable que supo conjugar los mejores elementos de dos géneros: el romance y el thriller.

Desde la preproducción el tira y afloja entre Hitchcock y Selznick comenzó con el rechazo del productor a una primera aproximación al guión por parte del director, que había tratado de introducir en el primer acto algunos toques de humor similares a los que acostumbraba en sus filmes ingleses. Selznick, que pretendía una gran fidelidad a la novela (excepción hecha del tema del asesinato) terminó por imponer su parecer, lo que redundó en beneficio de la película. La redacción definitiva de la adaptación fue confiada al dramaturgo Robert Sherwood, que iba a resolver el mayor problema de la novela con respecto al siempre riguroso código Hays: fue quien reemplazó el asesinato de Rebecca (en la novela De Winter la mataba de un tiro) por una muerte accidental.

Resuelto el guión, director y productor se abocaron al casting: el primer candidato para Maxim De Winter fue Ronald Colman, pero el célebre actor inglés no aceptó, disconforme con los aspectos oscuros del personaje. Después de descartar a Melvyn Douglas, Walter Pidgeon, Leslie Howard y William Powell, Hitchcock y Selznick coincidieron en Laurence Olivier, quien acababa de lograr uno de sus mayores triunfos en el papel de Heathcliff en Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1939) que, además de consagrarlo como estrella romántica, demostró que el rey de la escena británica podía ser taquillero en Estados Unidos. El principal papel femenino fue en cambio más difícil de llenar, desatando una búsqueda y pruebas similares (en menor medida, por supuesto) a las que había tenido que sobrellevar Selznick para encontrar a Scarlett O’Hara. El productor había propuesto a Nova Pilbeam, una actriz juvenil inglesa que protagonizó Young and Innocent (Inocencia y juventud, 1937), de Hitchcock, pero el director se opuso, considerando que tenía demasiado tipo de "ingenua". Se hicieron pruebas a Vivien Leigh, con el decidido apoyo de su pareja Laurence Olivier y el plus de ser la nueva estrella de Selznick, pero el resultado de las pruebas convenció tanto al productor como al director que la personalidad y belleza de la actriz eran completamente inadecuadas para el carácter de "mosquita muerta" del personaje (de hecho, Vivien Leigh podría haber sido una excelente Rebecca si hubieran optado por incluir al personaje en un flashback). Finalmente la selección se redujo a tres candidatas: la ya consagrada Margaret Sullavan, que había dado una muy buena composición del papel en una versión radial de la novela adaptada, dirigida y co-interpretada por Orson Welles; Anne Baxter, que aún no había debutado en cine y que dio una magnífica prueba; y Joan Fontaine, hermana de Olivia De Havilland, cuyos antecedentes incluían una comedia con Fred Astaire, un papel secundario en The Women (Mujeres, 1939), de George Cukor, y el interés romántico de Douglas Fairbanks, Jr, en Gunga Din (Gunga Din, 1939). La personalidad un poco apagada de la actriz había llevado a que algunos dijeran que no tenía pasta para estrella, pero fue precisamente esa cualidad la que finalmente le ganó el rol, además del hecho de que era la única finalista con un auténtico acento inglés. Hitchcock se propuso convertirla en estrella, cosa que logró entre Rebecca y Suspicion (La sospecha, 1941), su siguiente proyecto en conjunto.

Joan Fontaine fue resistida por Olivier (que hubiera preferido trabajar con Vivien Leigh) y por el elenco de apoyo, conformado por veteranos de la escena inglesa como Gladys Cooper, Nigel Bruce, Reginald Denny, C. Autrey Smith, Melville Cooper y Leo G. Carroll, todos miembros de la colonia estable británica en Hollywood, pero eventualmente la marcación de Hitchcock y el perfecto "physique du rôl" de la joven actriz terminaron por conformar una actuación consagratoria. De hecho la inseguridad de Joan Fontaine se transfirió al personaje, lo cual contribuyó a apuntalar la caracterización.

Otros tres personajes y sus intérpretes merecen mención aparte. Para el papel crucial de la Sra. Danvers, a propuesta de Kay Brown, Hitchcock seleccionó a Judith Anderson, una actriz australiana con un sólido bagaje en el teatro, que resultó ideal para la siniestra ama de llaves (de hecho, Judith Anderson, de cara angulosa y prominente nariz recta, fue una de las mejores Lady Macbeth de la historia y podía hacer una amenaza de su sola presencia). Jack Favell quedó a cargo de George Sanders, que no tuvo que esforzarse para dotar a su rol del cinismo y la villanía que iban a ser su marca de fábrica. Y, para el papel de la Sra. Van Hopper, Hitchcock utilizó a una abogada sin experiencia actoral, Florence Bates, que dio tan bien el personaje que terminó por abandonar los tribunales y dedicarse de lleno al cine, donde siguió brindando variantes de aristócratas con lenguas mordaces en una larga carrera como actriz de reparto.

El rodaje comenzó el 8 de septiembre de 1939, apenas una semana después del estallido de la segunda guerra mundial. Una vez iniciada la filmación, Hitchcock tomó las riendas de manera inequívoca, en particular en lo referente al encuadre, ignorando los numerosos y extensos memos de Selznick (una táctica habitual del productor para con todo el personal que contrataba) en pro de un estilo visual sofisticado que se iba a constituir en su marca de fábrica. Si bien ya en sus películas británicas Hitchcock se había destacado por su iluminación expresionista y su manejo magistral del plano secuencia, en Hollywood contaría con elementos de producción que le permitirían un vuelo mucho mayor en la puesta. Y el elenco se puso totalmente en sus manos, con la complicidad de estar trabajando con un compatriota. Joan Fontaine en particular dejó que la guiara totalmente en su rol consagratorio, quizás la primera actriz con la que Hitchcock jugó el papel de Pigmalión para modelarla a su gusto.

Repercusión: Después de un montaje supervisado por Selznick con cierta intervención de Hitchcock, Rebecca (Rebeca, una mujer inolvidable, 1939) se estrenó el 13 de febrero de 1940 en una sala de Santa Bárbara.

El resultado final: un clásico indiscutido, que no sólo fue uno de los grandes éxitos de taquilla de 1940, sino que se quedaría con el Oscar® a la Mejor Película de uno de los años clave en la era de oro de Hollywood. Basta con mencionar a sus competidoras en un año en que diez candidatas se disputaron el premio mayor: Grapes of Wrath (Viñas de ira) de John Ford; The Philadelphia Story (Pecadora equivocada) de George Cukor; The Great Dictator (El gran dictador) de Charles Chaplin; The Letter (La carta) de William Wyler; The Long Voyage Home (Hombres de mar) también de Ford; All This and Heaven Too (El cielo y tú), de Anatole Litvak; Kitty Foyle (Kitty Foyle) y Our Town (Nuestro pueblo), ambas de Sam Wood; y Foreign Correspondent (Corresponsal extranjero), del propio Hitchcock. Laurence Olivier, Joan Fontaine y Judith Anderson fueron nominados respectivamente como Actor, Actriz y Actriz de Reparto, y Hitchcock como Mejor Director, pero ninguno ganó su categoría. El Oscar de mejor director fue para el gran John Ford por Grapes of Wrath. Rebecca fue nominada también por el guión y en casi todos los rubros técnicos (11 nominaciones en total, cubriendo todas las categorías, salvo Actor de Reparto y Sonido), y se llevó una segunda estatuilla por la fotografía en blanco y negro de George Barnes.

REBECCA (Rebeca, una mujer inolvidable, 1940)

(Ficha técnica de Fabián Cepeda)

Productora: SELZNICK INTERNATIONAL PICTURES. Distribuidora: UNITED ARTISTS. Estreno en EUA: 12/04/1940. Estreno en Argentina: 28/06/40. Productor: David O. Selznick. Director: Alfred Hitchcock. Guión: Robert E. Sherwood y Joan Harrison. Basada en la novela "Rebecca", de Daphne Du Maurier. Música: Franz Waxman. Fotografía: George Barnes. Dirección artística: Lyle Wheeler. Escenografía: Barbara Keon. Edición: Hal C. Kern. Efectos especiales: Jack Cosgrove. B&N. Duración: 128’.

Reparto: Laurence Olivier ('Maxim' de Winter), Joan Fontaine (la segunda señora de Winter), George Sanders (Jack Favell), Judith Anderson (Sra. Danvers), Nigel Bruce (Mayor Giles Lacy), Reginald Denny (Frank Crawley), C. Aubrey Smith (Cnel. Julyan), Gladys Cooper (Beatrice Lacy), Florence Bates (Edythe Van Hopper), Melville Cooper (Oficial de justicia), Leo G. Carroll (Dr. Baker), Leonard Carey (Ben), Lumsden Hare (Tabbs), Edward Fielding (Frith), Forrester Harvey (Chalcroft), Philip Winter (Robert), Leyland Hodgson (Mullen), Billy Bevan (Policía), Gino Corrado (Encargado de hotel), Alphonse Martell (Maître d’Hotel), Egon Brecher (Empleado de hotel), William H. O'Brien (Mozo de hotel), Ronald R. Rondell (Huésped de hotel), Edith Sharpe, Lauri Beatty, Maureen Roden-Ryan, Eleanor Stewart (Damas), Peggy Lynch [Margaret Kerry], Billy Finnegan, Bonnie LaVonne (Niños), Alfred Hitchcock (Hombre fuera de cabina telefónica).

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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