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Ronald Colman

Por Fabián Cepeda

Cuando se menciona su nombre, se hace inmediata referencia a "el" caballero por excelencia de la pantalla grande, y también fuera de ella. Colman, inglés de nacimiento y actor por naturaleza, reinó en un Hollywood del pasado en donde los roles estaban convenientemente demarcados, y sin embargo se las arregló muy bien para, a la vez, ser reconocido como un gran comediante, un galán romántico como pocos y como un íntegro aventurero, cargando a estos tres perfiles aparentemente diferentes con una buena dosis de picardía.

Ronald Colman, de padre inglés y madre escocesa, nació en Richmond, Inglaterra, el 9 de febrero de 1891, con lo cual en estos días se cumplen 117 años de su nacimiento. Desde niño mostró un perfil reservado, destacándose en sus años escolares como un muchacho cortés y educado, aunque un poco solitario. Anhelaba ser ingeniero, pero la prematura muerte de su padre lo obligó, a los dieciséis años, a abandonar sus planes de estudio y salir a trabajar, para mantener su familia. Empleado como cadete en una empresa naviera, el joven Ronald detestaba ese empleo, pero lo mantuvo durante varios años por conveniencia económica. Pero advirtiendo que se estaba aislando del mundo y de sus planes, decidió enrolarse en la armada, para aventurarse de esta manera dentro de un nuevo mundo de camaradería, ejercicio físico y destreza. Y fue también en este ámbito que comenzó a interesarse por la actuación, formando parte de algunas representaciones teatrales de aficionados. Pero en esos momentos veía al mundillo teatral como algo extraño, y lo tomó como una experiencia sin futuro.

Pero al estallar la Primera Guerra Mundial, el soldado Colman fue reclutado de inmediato y enviado junto a sus compañeros a luchar al frente de guerra en Francia, y participó de sangrientas batallas contra los alemanes. En combate fue herido seriamente en sus piernas, y debido a este accidente quedó incapacitado de continuar luchando por su país. Al año siguiente fue enviado de vuelta a Inglaterra, pero el joven Ronald, vulnerable y frustrado en extremo, experimentó la difícil tarea de hallar un trabajo que le permitiera reinsertarse socialmente. En aquellos años de guerra los empleos escaseaban, y cientos de personas deambulaban diariamente en busca de oportunidades laborales. Entonces, Colman decidió enfocar su búsqueda por el lado de la actuación, ya que durante sus años de aficionado había tenido bastante suerte en ese ámbito. Esta certera decisión cambiaría su vida pasada para siempre.

Y aunque escasos, los llamados para trabajos teatrales empezaron a llegar. Colman se sintió por primera vez atraído por completo por esta actividad, y los productores lo ubicaron en variadas puestas en escena, donde se requirieran hombres jóvenes y apuestos, con una potente voz y un dinamismo envidiables. Paralelamente, también incursionó en el cine mudo británico, participando de algunos cortometrajes y como actor secundario en algunos largos. Para entonces, Colman estaba convencido de que su futuro sería el mundillo teatral, y consideró el cine como una buena chance de ganar dinero, pero priorizando la escena. Un fallido matrimonio con una temperamental actriz, Thelma Raye, le dejó una marca indeleble para con futuras relaciones sentimentales, ya que la intérprete le produjo serios inconvenientes a su incipiente carrera.

Los años de posguerra sumieron a Inglaterra en una profunda depresión económica, y esta situación afectó a todos los niveles laborales. El joven actor se vio de repente sin trabajo futuro y, aunque recorría diariamente diferentes teatros y estudios de filmación, no conseguía oportunidades de continuidad laboral. A fines de 1920, en medio de una de las peores crisis de Europa, Ronald Colman decidió emigrar a los Estados Unidos, a probar suerte en América. Había participado de una película, The Black Spider (La idea del crimen, 1920), filmada en Montecarlo por un grupo de productores ingleses y norteamericanos, y las noticias sobre oportunidades laborales en el país del norte lo convencieron de inmediato. Así, casi sin muda de ropa y prácticamente sin dinero, el actor llegó a Nueva York y durante un largo período vivió en las calles, deambulando de aquí para allá, de estudio en estudio, donde ni siquiera hallaba papeles de extra. Su orgullo personal lo empujaba a continuar peleando, pero la situación no mejoraba. Por ello emigró a Hollywood, y esta vez la suerte estuvo de su lado.

Comenzó a trabajar en diferentes obras teatrales en todo tipo de papeles, y paralelamente logró meterse en producciones cinematográficas: un papel menor en la película Handcuffs or Kisses (Cadenas o besos, 1921) llamó la atención de productores, que rápidamente repararon en este distinguido galancete europeo. Este aliciente, sumado a un pequeño suceso que Colman consiguió con su interpretación de "el tercero en discordia" en la obra teatral "La tendresse", sirvió para que los críticos especializados en espectáculos le prestaran atención y depositaran en él todo tipo de esperanzas.

Justamente luego de presenciar esta obra, la gran actriz Lillian Gish quedó impresionada por el desempeño de Colman en esa historia de amores encontrados. Casi inmediatamente, Gish exigió a su director favorito, Henry King, que hiciera una prueba cinematográfica al galán, para la próxima película de la estrella, que se titularía The White Sister (La monjita, 1923). No solamente logró ser aceptado en el proyecto, sino que su labor le significó un salto al estrellato fulminante. Ronald Colman se transformó, de la noche a la mañana, en la gran esperanza del cine norteamericano.

Gozando de un jugoso y largo contrato con la Goldwyn Pictures, que distribuía sus productos a través de Artistas Unidos, Colman fue cimentando su carrera en esta etapa del cine mudo, logrando variados éxitos de taquilla. Títulos inolvidables, como The Dark Angel (El ángel de la muerte, 1925) y A Thief in Paradise (Un ladrón en el paraíso, 1925) lo hicieron conocido rápidamente, y el actor logró su consagración definitiva cuando interpretó al aventurero soldado de Beau Geste (Beau Geste, 1926), considerado uno de los mejores filmes acerca de la vida en la Legión Extranjera.

Y como en aquellos días estaban muy de moda los melodramas sentimentales interpretados por una pareja cinematográfica consagrada, el productor Samuel Goldwyn eligió a la distinguida actriz húngara Vilma Banky para co-protagonizar una seguidilla de películas románticas. Banky había logrado notable sucesos con la dama amada por Rodolfo Valentino en algunas de sus películas más famosas, y junto a Colman, en cinco películas, volvió a formar un dueto inolvidable.

Ya consagrado como un galán cinematográfico, Ronald trabajó junto a las actrices más taquilleras de entonces, como las hermanas Talmadge: con Norma en Kiki (Kiki, 1926), y con Constance en Her Sister from Paris (La parisiense, 1926). La llegada del cine sonoro "aniquiló" a muchas estrellas populares de entonces, ya que el acento pesado de hombres y mujeres, no acostumbrados a la modulación y sí a la gesticulación, significó un obstáculo insoslayable. La citada actriz Vilma Banky fue uno de los casos más sonados de este despropósito. Pero Colman, opuestamente, se estabilizó asombrosamente en esta nueva faceta, ya que demostró poseer una agradable voz y un atractivo acento británico, con los que ya se había lucido en tantos años de teatro.

Colman se transformó en una superestrella, y, celosamente guiado por su productor Samuel Goldwyn, eligió cautelosamente los productos en los que se embarcaría, para no defraudar a sus seguidores. Es así que a fines de la década de los años veinte, el actor protagonizó sonados sucesos con sus magistrales interpretaciones del sagaz inspector de Bulldog Drummond (El audaz caballero, 1929), rol por el cual fue nominado al premio Oscar®. Como las reglas de la Academia lo permitían, en ese año recibió dos nominaciones. La otra fue por su papel del singular ladrón de Condemned (Calumniada, 1929). En la divertida película Raffles (Rafles, 1930) fue nuevamente un inteligente ladrón de joyas, y demostró notables cualidades interpretativas en la multipremiada Arrowsmith (Médico y amante, 1931), donde el actor dio vida a un arriesgado médico que lucha para combatir la difteria.

Como correspondía a una estrella de su magnitud, Colman se daba el lujo de hacer un película por año, ya que descontaba su rentabilidad. Por ello filmaba en diferentes períodos mensuales, y el resto del tiempo viajaba alrededor del mundo. A este período pertenecen sus trabajos en Cynara (Te he sido fiel, 1932), donde el actor interpretó a un marido infiel, y la exitosa The Masquerader (Mascarada, 1933), donde Colman jugó un doble papel, el de dos primos idénticos cuyas vidas se entrelazan trágicamente.

Una mala jugada con la prensa por parte del productor Goldwyn lo enemistó laboralmente con Colman, y luego de un sonado juicio entre ambos -que llegó a embarrar la reputación de los dos-, decidieron poner punto final a la sociedad, que ya llevaba casi diez años. Entonces, Ronald Colman decidió no anclarse a ningún estudio o productor en particular, y llevar adelante su carrera en forma free-lance, eligiendo él mismo los guiones que aceptaría. Y esta elección resultó ser la más acertada de todas, ya que de esta nueva etapa salieron las películas más famosas del actor, y por las cuales aún hoy se lo recuerda.

Para diferentes estudios Colman interpretó notables roles en clásicas historias cargadas de aventuras sin igual: para la recién formada 20th. Century Fox, el actor personificó al líder británico de igual apellido en Clive of India (Clive de la India, 1935) y al disipado sargento enrolado en la Legión Extranjera de Under Two Flags (Bajo dos banderas, 1936) (y fue durante la filmación de esta película que conocería a su futura esposa y el verdadero amor de su vida, la actriz, también británica, Benita Hume, con quien se casaría en 1938 y permanecería unido a ella hasta la muerte del actor); para la afamada Metro-Goldwyn-Mayer, Colman participó de la nominada al Oscar® A Tale of Two Cities (Historia de dos ciudades, 1935), componiendo a un singular abogado durante la Revolución Francesa; para la Columbia, el intérprete protagonizó la mágica y multipremiada Lost Horizon (Horizontes perdidos, 1937), viviendo increíbles eventos en las tierras de Shangri-La, y para la poderosa Selznick International Pictures, Colman se mostró como un aventurero inglés que debe personificar a un rey secuestrado en If I Were King (Si yo fuera rey, 1938).

Esta larga secuela de éxitos significó para el actor la consagración definitiva en el ecran, y a fines de los años treinta decidió hacer un impasse en su carrera, y planificar su ajetreada vida. Así, Ronald Colman se casó, compró un palacete en Beverly Hills y dedicó buena parte de su tiempo a vacacionar con su familia y amigos íntimos. Alternó esta saludable costumbre con trabajos en películas inconsecuentes, tales como Lucky Partners (Matrimonio de ensayo, 1940) y My Life with Caroline (Mi vida con Carolina, 1941). Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Colman se embarcó en una larga serie de tours para entretener a los soldados del frente bélico, a la vez que trabajó asiduamente en radio.

El año de 1942 fue definitivo en la carrera del actor, ya que las dos películas que filmó se convirtieron en los estandartes de su larga carrera, y tal vez las más famosas de su filmografía: para la Columbia, el actor filmó la tragicomedia romántica The Talk of the Town (Tres contra todos, 1942), donde personificó a un profesor de leyes que se enfrenta con un refugiado político (Cary Grant) por el amor de una maestra (Jean Arthur), dirigido por George Stevens; y para la poderosa Metro-Goldwyn-Mayer filmó el inigualable drama romántico Random Harvest (En la noche del pasado, 1942), dirigido por Mervyn LeRoy y coprotagonizado por la bella Greer Garson (este film fue objeto de una de nuestras notas de ediciones anteriores: Léala). Ambas películas recibieron siete nominaciones al premio Oscar® respectivamente. Colman fue nominado por su actuación en Random Harvest.

Luego de participar junto a Marlene Dietrich en la fallida Kismet (Kismet, 1944), Colman -cuya interpretación, sorprendentemente, fue muy poco convincente- decidió alejarse de los sets de filmación para focalizarse en su familia, ya que por entonces nació su única hija. El actor alegó disfrutar más de la vida casera que de perseguir proyectos cinematográficos rentables.

En los años posteriores, Colman prestó su voz para algunos cortos de Walt Disney, especialmente aquellos en que apareció el singular Pato Donald, e incursionó en la televisión, en escogidas comedias en serie. Y tras filmar la mediocre comedia The Late George Apley (Tengo derecho al amor, 1947), el actor se ganó un merecido premio Oscar® por su interpretación del atormentado actor que se mete tanto en los papeles que encarna que termina enloqueciendo, en la soberbia A Double Life (El abrazo de la muerte, 1947). Su destacado trabajo en esta película -para la que originalmente se había pensado en Laurence Olivier- le valió numerosos galardones, incluido el Golden Globe®.

Durante la década de los años cincuenta, Ronald Colman participó de dos películas como invitado especial, a la vez que priorizó su labor en radio, donde tuvo su propio show, que lideró junto a su esposa. Este show pasó luego brevemente al medio televisivo, pero Colman disfrutaba visiblemente más de su vida personal y familiar que de su trabajo. Afectado por una infección pulmonar, falleció en su rancho de Santa Barbara, el 19 de mayo de 1958. Tenía 67 años, los que vivió intensamente.

FABIÁN CEPEDA (1966-2011)
Co-Director y Co-Autor de HollywoodClasico
Extraordinario investigador y autor, gran amigo y maravillosa persona
Nunca será olvidado por quienes nos cruzamos en su vida


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